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Pekin express 2016 5/5 16 agosto, 2016

Posted by jmorsa in Viajes.
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Seguramente y al igual que yo, si estas leyendo esto y realmente estas llegando al final de cada post estarás más que cansado de leer tanto detalle, pero entiende que esto lo hago también para mi, para cunado llegue el Alzheimer, mis hijos o mejor dicho los hijos de la hija de mi hermano porque vete tu a saber si yo tendré esa posibilidad me los lean en la residencia, ajja.

El caso es que en el anterior entrada no lo dije, pero estando viendo el nido de pájaro la empresa que organizaba el viaje a la muralla nos llamó y confirmó que iríamos, sólo que en lugar de salir de nuestro hotel, cómo no lo encontraban como tal en el mapa, nos hicieron ir a uno cerca otra vez del estadio.

Por lo que vamos allá con el último post de China ;¬)

Día 7: Muralla china

Contentos con que salieran las cosas de una vez bien y corriendo como siempre para llegar puntual a los sitios, cogimos una furgonetilla donde una chica china que atendía al nombre de Cathy (según ella porque su nombre chino no lo íbamos a entender) nos enseñaría la muralla china no sin antes hacer parada en una especie de museo del jade llamado Bona Jade Museum en el que intentar engatusarnos a comprar algo (no sé si vosotros habéis comprado jade alguna vez, pero deciros que es más caro que el oro, unos pendientes o un collar con una piedrita minúscula que vi para mi madre, podía acercarse a los 200 euros).

Por lo que viendo que era impensable y tras da unas cuantas vueltas a la tienda y ver como lo hacían a mano, porque teníamos que estar allí una hora (ya me hubiera gustado a mi que esa hora fuera en la muralla) llegamos por fin a Mutianyu.

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Yo había entendido que en el precio entraba la entrada, pero “entrance” es sólo al recinto, por lo que cuando nos tocó apoquinar la entrada y ver que no teníamos suficientes yuanes, Cathy nos lo pagó a cambio del dinero en euros (que se lo dimos después y de milagro llevabamos encima) y subimos con una especie de telesilla a lo estación de esquí en el que Segundo casi se giña (esta vez no literalmente) debido a los crujidos del artefacto mientras que chinos que venían por el lado contrario decían “hello” y saluaban por la mano y debajo estaba el popular tobogán por el que luego nos tiraríamos.

Había dos zonas y como he dicho antes, ella nos lo enseñaría, es decir, diría, esta es la zona A y esta la B, ahora vosotros decidís y vais que yo os espero aquí. Por lo que al indicarnos que una era con más pendiente y menos frecuentada dijimos “why not? somos gente jóven”, por lo que optamos por la opción B, con nuestras camisas chinas que habíamos comprado para la ocasión.

Tras la primera caseta o puesto de vigilancia ya estábamos mataos, y es que para quien no lo sepa entre puesto y puesto lo que hay es un kilómetro mínimo, cosa que si se tratara de un paseo marítimo, dices bueno, pero al haber pendientes tan pronunciadas cualquier sitio era bueno para sentarse, aunque fuera a pleno sol (lo mejor del lugar es que se encontraba en pleno bosque, por lo que el sol apenas se notaba dado que la niebla y el frescor de los árboles lo disimulaban).

Pese a ello, era entrar en una de las casetas de vigilancia y encontrarte con 100 chinos, por lo que optábamos por descansar en las propias escaleras donde hacer buenas fotos y sin mucho chino delante, tal como habíamos visto en internet, aunque con algún que otro presuntuoso occidental que se hacía fotos sin camiseta luciendo palmito.

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La verdad que fue flipante, a pesar de lo reconstruido que se notaba, la muralla o “larga fortaleza” como la conocen allí, es impresionante saber que hay  21 190 kilómetros de piedra sobre piedra que defendían a los chinos de los invasores y que más de 10 millones de trabajadores murieron durante su construcción y que están enterrados allí.

Tras dos horas, teníamos que bajar e ir a comer, puesto que la ruta continuaba y teníamos que al menos hacer otra parada más en el camino en donde intentaran vendernos algo, por lo que tras las chorricientas fotos y algún que otro vídeo para enviar a nuestra familia, nos pusimos a la fila del particular tobogán.

Sí, he dicho fila. y es que si bien apenas ves chinos salvo en los cuarteles y fortines huyendo del calor, el tobogán esta lleno de gente que como nosotros quería tener una experiencia también divertida después de la sudada de la muralla, aunque el chino de la atracción no nos dejara grabarla con la go pro :¬(

Sin embargo y como internet es lo que tiene, os dejo un vídeo de alguien al que si dejaron para que os hagáis una idea de lo que era.

La verdad que era divertido bajar por los railes a alta velocidad mientras los chinos que trabajaban en la misma gritaban “stop-stop”, peor lo tuvo Segundo, quien le tocó aguantar una abuelita y su niña frenar cada dos por tres, donde pese a que una de nuestras compañeras de viaje daba tiempo para correr, no dejaba de ser una puñeta.

Para comer fuimos un restaurante llamado Mr Wang, el cual debía tener el control sobre el resto de negocios, dado que estaba diseñado especialmente para turistas por los precios y una comida que… pese a las valoraciones de nuestros compañeros, para Segundo y para mi, no dejaba de ser un chino normal y corriente, de hecho estuvimos esperando el no tradicional rollito de primavera, pero sería demasiado caro y nos pusieron cosas del estilo de cerdo agridulce o tallarines tres delicias, jaja.

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Finalmente y a la vuelta, como esperábamos nuevamente hicimos una nueva parada para que nos vendieran cosas, esta vez; té en Dr Tea. Después de una sección muy instructiva sobre tipos de té y propiedades donde nos daban a beber y apreciar los diferentes gustos, e intentantar vendernos té negro a mitad de precio, hablamos con nuestra guía, que supuestamente nos iba a llevar a ver cómo hacían vino los chinos y dijimos que nos quedabamos en la zona. Por lo que tras la propina al conductor y la despedida a nuestros compañeros, cogimos nuestra mochila y nos fuímos por una zona que lejos de ser turística, nos gustó mucho, y porque cerca estaba ota de las paradas que teníamos previstas para el día; el templo de los lamas.

Por lo que tras ver la zona no turística, que para quien quiera explorar, era la zona del parque de las etnias (cosa que también anotamos antes de venir a Pekin pero por tiempo no vimos), y ver la decepción de dicho templo (qué si, muy grande, muchos budas dorados y enormes, pero muy enfocado al turismo, tanto que fue el lugar donde más occidentales vimos de todo Pekin), fuimos a intentar hacer el distrito 789.

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El distrito 798 es un barrio a las afueras en el que se pueden ver obras de arte callejeras muy particulares, este distrito era un plus o un bonus tranck (en plan si nos daba tiempo) por lo que viendo que la estación que daba al distrito estaba aún en construcción decidimos intentar ir a la aventura pese a que las veces que habíamos intentado eso había salido como el culo.

Por lo que nuevamente salió como el culo y no vimos más que algún taxista que decía de llevarnos por 20 yuanes, por lo que tras intentarlo un par de veces, compramos agua (muy barata por cierto, se nota que es un barrio, que aún no es extremadamente turístico), y ver un metro, nos metimos para ir a ver el edificio de la televisión,  y ya de paso y porque estaba en la zona, el Instituto Cervantes donde como sabéis me gusta hacerme fotos, jaja.

Así que tras ver dichos edificios y descubrir por casualidad el mercado de la seda, un centro comercial como otro cualquiera salvo que la diferencia radica en que nada tiene precio, volvimos al hotel para ducharnos y celebrar como se merecía nuestra ultima noche en Pekín.

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Una vez duchados cogimos el metro dirección al mercadito de los hutones, queríamos probar alguno de los inventos que tienen trinchados a lo pincho moruno, pero el tiempo jugaba en nuestra contra, y debido a que el metro cerraba tan pronto, no llegamos a tiempo de nada, por lo que volvimos un tanto disgustados hacia el hotel, momento en el que se nos encendió una bombilla y dijimos “¿y si lo celeramos en el primer restaurante de nuestra segunda llegada a Pekin?” y como quien no quiere la cosa volvimos a ver a nuestra china habitual con escaso inglés y jugar al pinto pinto con la carta esta vez medio acertando con los platos y acompañados por un grifo de cerveza de tres litos (sí, de tres llitros) con la que nos pusimos como el Kiko y con el puntillo y risas de porque si, volvimos a dormirla en el hotel, no sin antes hacer la maleta (a mi me subió tanto la cerveza que no sabía poner los botones bien de las camisas) y la alarma porque al día siguiente volvíamos a Europa.

Día 8: Home sweet home

Al día siguiente y con jaqueca de la noche anterior, cogimos nuestros bártulos y fuimos al aeropuerto sin haber desayunado nada y despertando a los chinos del hotel diciendo “check out” debido a que habíamos escuchado en foros que si no lo hacías, te cobraban el seguro del hotel y un día más por las molestias.

Segundo iba bastante bien, algo nervioso pero bien, mientras yo me sentía cada vez peor.

El metro que siempre había venido a cada minuto esta vez se retrasaba veinte, por lo que íbamos un poco con la mosca pegada al culo y el tiempo pegado al culo. Nos montamos en el tren rumbo al aeropuerto y no podía más.

Vale que no suelo beber y cuando lo hago, no me sienta muy bien, pero pensé que eso pasaba en el día en el que bebía no en el siguiente, por lo que cuando el tren cambió de sentido dado que nos pasamos nuestra terminal, teniendo que volver a coger un bus entre terminales para llegar a nuestro avión, no pude más, cogí una bolsa que teníamos en la maleta por si las moscas y vomité (al menos, no se lo eché encima a nadie ¿no?).

Una vez echado y teniendo que llevar la bolsa medio camino como quien lleva un pececillo por si me volvía a dar y porque en el tren había tanta gente que era imposible bajarse y tirarlo a una palelera de la estación, cogimos el bus entre terminales al pasarnos la nuestra como digo y llegamos corriendo a hacer el check in.

Finalmente y a pocos minutos de cerrar la puerta del embarque, sin poder comprar recuerdos como pensamos hacer con el tiempo que teníamos de esperan entre que salía o no nuestro avión, nos montamos en el avión y volvimos a poner el reloj en hora española.

El resto de la historia es pizca más o menos la misma que cuando vinimos a Pekin, salvo con la cosa de que nuestro avión en Roma no se retrasó pudiendo dar una vuelta por la ciudad cogiendo el tren, nada de visitas, tan sólo dar una vuelta por lo que es el foro romano, el coliseo o intento de entrar al panteón nacional para volver por el popular trastevere.

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Pues bien, ese fue mi viaje a China y concretamente de Pekin y Shangai. Un viaje muy particular y donde a pesar de momento extremos como lo del aeropuerto, la búsqueda del templo de Buda de Jade entre otros, puedo decir que sobreviví al gigante asiatico y he regresado para contároslo (apuesto que hay más experiencias en las que no se cuenta tanto, pero creo que es bueno saber a lo que atenerte).

Como “Bonus Trank” os diré que además de las paradas descritas en los post hasta ahora, creamos lo que llamamos el “Chinesse Challenge” (el reto chino), donde nos pusimos una serie de cosas anecdoticas que ver en China y que a lo tonto dimos con cada una de ellas a lo largo del viaje. No me refiero a ver a la Pekín no típica que estoy seguro que la vimos cuando nos perdíamos buscando el metro, sino cosas tales como un chino rubio o alvino (dimos de casualidad y en el metro con uno de lo segundo), negro (vimos dos más un matrimonio al que decidimos apodar “los Obama” porque eran de Estados Unidos), una familia con dos o más hijos (más habitual de lo que pensamos), un chino viejo a lo Shaolin, un matrimonio interracial… cosas que entre viaje y cultura, también sirven para echarte unas risas :¬D.

Por lo que sin más, ve, pero si vas, no lo hagas tan poco tiempo porque se te quedarán cosas por ver y con tranquilidad si es que decides hacerlo por tu cuenta. Vale que vivimos (al menos en Madrid) en una sociedad que va muy deprisa, pero allí van más y a veces es algo exasperante. Solo que ahora me pregunto… ¿cómo podremos superar este viaje?

Un abrazo mis pequeños pupilos

P.d.-> A modo de telepromo, os aconsejo ver otras anécdotas y otros viajes en la categoría correspondiente.

¡Ser felices!