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BALCANES 2011 (1/4) 25 abril, 2011

Posted by jmorsa in Share Post, Viajes.
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Muchos son los viajes con este en los que me da por poner por escrito mis impresiones y mi particular guía, pero sin duda nunca tan supuestamente locos como este.

Pero no, no me refiero a que lo haya pillado con una semana de antelación -cosa normal para Segundo y para mí- tipo Berlín 2009, o que sea la primera vez que uso el Google docs con alguien en directo, sino porque cuando uno viaja se espera que se vaya a Londres, París, Roma, pero ¿Skopje? -¿Dónde está Skopje?- Pues sí mis queridos pupilos y lectores de este blog, el autor de este blog hizo su peculiar triángulo de oro (jo, que expresión más fea!!!, ¿el triángulo de oro no era un polideportivo por Plaza de Castilla? además técnicamente fue una Y, no un triángulo, jaja) en la península balcánica; Sofia (Bulgaria), Skopje (Macedonia), Belgrado (Serbia) y otra vez Sofia en un total de seis días y medio.

PREÁMBULOS

Una de las cosas que te dicen que este viaje solo lo hace gente friki como nosotros y gente inmigrante de allí que ahora residen en España son las pocas guías que hay sobre el tema -ninguna- (pero para eso estamos nosotros) y si acaso, las que hay están en ingles y no solo abarcan la capital sino el país entero, por lo que con lo que respecta a la información que tienes si vas de capital a capital y tiro porque me toca son 4 cuatro hojas de las cuales 2 son para el mapa de la ciudad y otra media para los hoteles y restaurantes que hay.

Así que después de ver la locura de nuestro viaje, teníamos que conseguir un hostal -y no solo uno, sino 3- por lo que para acceder a esta información nos metimos en la ya popular -para quien haya leído más de un viaje por este blog- página de hostelsclub, buscando entre una manifestación de caras, la carita más sonriente de todas. No sé muy bien si lo de las caritas sonrientes lo hacen a traición o no, pero los edificios de algunos hostales parecían mas bien la casa de Freddy Kruger.

Al sólo ser país de la Unión Europea Bulgaria, para poder pasar por Serbia y Macedonia, una de las cosas que si o si teníamos que hacernos era el pasaporte. Por lo que metiéndonos en la página de DNI -https://www.citapreviadnie.es para quien no la tenga- conseguí -dado que Segundo ya lo tenía de su viaje a Estados Unidos- una cita para el día anterior de nuestro viaje -a lo malo, si no pudieras hacértelo siempre puedes hacertelo en la Embajada de España del país al que vas, eso sí a precio de embajada-.

Ahora bien; ¿list@? pues sigue leyendo que hemos preparado no uno, sino cuatro post contándote nuestro viaje:

SOFIA

La ciudad de Sofia es la capital de uno de los nuevos inquilinos de la Unión Europea, quizá uno de los países más pobres (qué cruel, déjalo mejor en rústico), pero que gracias a la pujanza de las nuevas generaciones, se nota que algo está cambiando en la ciudad -aunque sólo sea por las obras del metro- en donde su interés monumental se centra en el bulevar Tsar (Zar, en castellano se dice Zar) Osvoboditel y sus alrededores donde entre adoquines dorados ver porches que adelantan a viejos buses y tranvías.

Para llegar del aeropuerto al hostal, lo más normal es cogerse el bus 84 que por un leva (unos 50 céntimos) te lleva sin problema, pero ¿Y si vas de noche? De noche -como nos tocó a nosotros- te encuentras con que no hay buses, y una de dos, o vas a patita (poco recomendable) o te dejas estafar por algún taxista -como también nos tocó a nosotros; que cogimos un taxi sin taxímetro, ni licencia eso sí pactando los levas por adelantado- por lo que siguiendo foros de internet, si no te asaltan como a nosotros, dentro de los taxis, lo mejor es que 1) pactes el dinero por adelantado y 2) por orden de menos a más mafiosos tienes las compañías de taxi; Taxi OK, Taxi 92180 y Radio Taxi.

Como hemos dicho, nosotros llegamos a Sofía a la 1:00 de la madrugada (aviso importante, en Bulgaria hay que adelantar el reloj una hora), así que a esa hora no hay autobuses, por lo que no te queda otra que dejarte timar por un taxista o por algún tipejo que se haga pasar por taxista.

Antes de salir del aeropuerto os encontrareis con unos cuantos taxistas expectantes de cazar algún turista pardillo. Tras un viaje escuchando ritmos noventeros y después de que el taxista se pasase el número de nuestro hostal  (ahí fue cuando pensé que el tío iba a traficar con nuestros órganos) llegamos finalmente al hostal. Le pagamos al taxista 30 levas y subimos al hostal (en teoría eran 25, pero el tipejo no tenía cambio, así que nos devolvió céntimos sueltos. Os recomiendo que llevéis la cantidad que acordéis exacta).

Cuando estábamos subiendo las escaleras del Hostal -que para quien vaya se llamaba Hostal Gulliver y costaba 24 euros la noche- nos miramos el uno al otro pensando ¿estamos en Sofía o en Chechenia? porque el edificio tenía una mezcla de estilos viejuno-quemado-postbombardeo, pero las sorpresas no acababan ahí, yo que llevaba ensayado mi saludo: “Hello, we have a reservation under the name of…” me quedé chafado cuando el viejecillo que estaba en la recepción nos dijo: “Sorry, no English, parlez-vous Français?” así que medio como pudimos nos hicimos entender y nos metimos en la habitación y antes de dormirnos nos quedamos un rato viendo en la tele vídeos musicales de búlgaros descamisados y chicas neumáticas y Brandy & Mr. Whiskers en búlgaro (Juan y su obsesión con Disney Channel).

Las campanas de la catedral de Alexander Nevski y el sol búlgaro (allí amanece a las 5 de la mañana) nos despertaron al día siguiente. Tras remolonear un poco decidimos levantarnos e ir a comprar los billetes del tren. Al salir nos dieron el desyuno, un cruasán relleno de chocolate de Chipicao por gentileza de la rubia del hostal. Estábamos en la calle y Sofia nos esperaba.

De camino a la estación nos pudimos dar cuenta de que la zona norte de Sofía se caracteriza por tres cosas: obras, casinos y top less. Una vez en la estación nos pusimos a buscar dónde podríamos comprar los billetes que nos llevarían a Niš, pero como estaba todo en búlgaro (idioma que desafortunadamente no manejamos con fluidez) fue misión imposible. No fue hasta que el flash de la cámara nos delató como turistas cuando vino nuestro ángel salvador (modo irónico on) ofreciéndose amigablemente a ayudarnos con su “yo os llevo a la oficina de billetes internacionales” o “sí, sí, yo trabajo aquí, mira mi plaquita”. Llevarnos nos llevó, sí, pero a su oficina de viajes, donde después de pagar por los billetes y por la reserva (no volvimos a pagar ninguna reserva en ninguno de los otros billetes), nuestro ángel salvador (sigo en modo irónico on) nos solicita una pequeña contraprestación de 10 levas (5 euros), con mucho cabreo le dimos 5 levas (y que no se queje) y nos alejamos de la estación con ganas de partirle a cara a alguien.

Una vez en el centro, más calmados, dimos una vuelta por los principales puntos turísticos: la mezquita, la Plaza Nezavisimost donde están los edificios de la Presidencia de la República, del Consejo de Ministros, la antigua sede del Partido Comunista y una estatua de Sofía custudiando las obras del metro que actualmente ocupan la plaza. Seguimos por el Bulevar Vitosha hasta el Palacio Nacional de Cultura, donde había una feria de alimentación y un mercadillo de marroquinería y ropa.

Cuando llegó la hora de comer dimos por casualidad con un restaurante que había visto aconsejado en alguna página de internet, Mr. Pizza: Pedimos una pizza grandecita (y eso que la pedimos mediana) y un plato de pasta y  nos salió todo por 19 levas -madre mía, estabas inspirado, ¿eh? menuda parrafada, jaj-.

Como sabíamos que ibamos a volver lo vimos todo muy general, ya que a la vuelta de nuestra “y griega” tendríamos un día y medio para dedicarle a la capital búlgara, así que después de escapar de las dependientas extremadamente sonrientes de las tiendas de recuerdos quienes te decían amablemente que pasaras y si atinaban a saber de que país era te decían alguna que otra palabra en tu idioma (después de pasarse 40 años en un régimen comunista ahora son capaces de venderte a su propia madre si es preciso), nos dio por conocer -a pesar de no estar en el intinerario- en el Museo Nacional de Historia Natural donde un servidor empezó hacer el friki alardeando de lo mucho que sabía de bichos disecados -para mi gusto, me gustó más incluso que el de Madrid, pero claro, nótese también que estaba en un país distinto y con la alegría del viaje como dice la canción “hay océanos donde sólo había charcos” (¿eso qué tiene que ver?).

Así que después de la visita al museo -reconozco que la idea de meternos teniendo en cuenta que cargábamos las mochilas y el tiempo que parecía que podía llover en cualquier momento fue la mejor opción- y ver otras paradas obligadas como el Puente Orlov -donde los cuatro pilares simbolizan los exiliados de la ciudad que aquí eran recibidos por sus familiares-, el teatro nacional Ivan Vanzov -el teatro más grande Bulgaria-, La Opera Nacional, la Galeria Nacional de las Artes, Iglesia Rusa de San Nicolas, porque lo que hay que ver en esta ciudad está bastante pegado lo uno de lo otro- pusimos rumbo a la estación de tren que nos llevaría a Niš (probando antes el wifi de la estación, que por cierto, funciona -aunque no pudiera meterse en bing para dejar su puntito en plan “estoy aquí”-), sobre las 20.10 de la tarde, siendo quizá una de las peores noches del viaje, porque nos sentíamos súper perdidos entre tanto cirilico y despertándonos cada dos por tres a causa de revisores, más revisores y controles de pasaporte a mitad de la noche y que se burlaban de nosotros en plan “¿qué coño pintan dos españoles por los Balcanes?” (no hombre, no se burlaban de nosotros, si nos pidieron consejo sobre cómo ir a Lloret de Mar y repasaron con nosotros la equipación de la selección serbia de fútbol).

Una vez llegados a Niš -sobre las 23.13-, había que hacer trasbordo de tren por lo que medio sobaos -más yo que Segundo- bajamos del tren y como teníamos dos horas -hasta las 02.10- de espera para que viniera el siguiente tren y más hambre que el perro de chocapic -nota; los trenes en los Balcanes llegan antes de su hora pero llegan más tarde ¿cómo se come eso? (y por culpa de eso casi seguimos esperando en Niš, porque no nos pensábamos que nuestro tren pudiese llegar tan pronto)– nos dimos una vuelta por los alrededores de la estación buscando algún lugar donde jalar -encontrando unos estupendos bocatas de seudochope con ortigas a 50 dinares (1 euro = 103,503138 dinares serbios) a orillas de la estación-, mear en la calle por no pagar 20 dinares en el servicio de la estación -no tiene precio, jaja- esquivar al mendigo de la entrada a la misma dando un rodeo por el andén y pagar por el nuevo tren que cogeríamos dirección Skopje a un viejo que no sabía ni usar el datáfono pero que nos hizo descuento por jóvenes, jeje.

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Comentarios»

1. BENELUX 2012 1/3 (Introducción y Ámsterdam 1/1) « CAMINANTE NO HAY CAMINO - 3 agosto, 2012

[…] de eso precisamente os vengo a hablar en este post, de una nueva guía como ya hice en Balcanes, Roma, Berlin, París, Londres, o el viaje “fantástico” –según segundo porque me inventé […]


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