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BALCANES 2011 (4/4) 25 abril, 2011

Posted by jmorsa in Share Post, Viajes.
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SOFIA 2

La llegada a Sofía por segunda y última vez, a pesar de la mala noche de tren, fue (al menos para mi) un alivio, ya no necesitábamos comprar más billetes de tren y en el hostal ya habíamos estado. Además el tiempo había mejorado mucho, y aunque no hacía tan buen tiempo como en Belgrado, Sofía con sol mejora mucho más que nublado, así que medio destemplados medio con ánimo fuimos al hostal a descansar un poco (y a comernos nuestro cruasán de chipicao) antes de salir a descubrir lo que nos quedaba por ver de la ciudad.

Como el primer día ya habíamos visto más o menos todos los puntos turísticos de Sofía (no es una ciudad muy grande, al menos la zona turística) decidimos ir a la oficina de turismo de la estación de metro de Universidad para ver qué nos recomendaban. Allí nos atendieron de maravilla, nos dieron recomendaciones y se molestaron en buscar algunas de las cosas que llevábamos preparadas (me sorprendió ese buen trato desinteresado, pero vaya, eran la oficina de turismo, qué menos).

Después de decidir que no subiríamos al teleférico del Monte Vitosha por lo complicado que era llegar hasta allí desde el centro y la nieve que aún se podía ver en la cumbre, fuimos en busca de las ruinas de la iglesia de San Jorge, del siglo IV, está considerada como la más antigua de Sofia y se encuentra tras el edificio de la Presidencia de la República, donde ¿cada hora? se puede ver el cambio de guardia –aunque mejor en verano para ver el uniforme estival- (pero no os penséis que es como Buckingham Palace) -me encanta que diga eso alguien que no ha estado en Londres, jaja- en donde podéis haceros la típica foto al lado de los guardias que no se van a mover -de hecho vereis nipones por ahí merodeando; únicos turistas que creo que vimos en todo el viaje-. La zona de la iglesia mola, dado que esta por decirlo así más abajo aún que los edificios que la rodean, por lo que parece escarbada en el suelo, y se puede entrar dentro, donde a pesar de la poca luz se puede distinguir aún los frescos entre el negro de las velas, así como en las ruinas romanas de su alrededor el sistema tradicional con el que calentaban el suelo del templo.

Tras esto intentamos ver los Baños Minerales -algo por lo general no muy turístico dado que cuando preguntamos a la azafata de turismo nos miraba con cara rara (¿Jali? ¿Yali? ¿cómo se dice?)– que como se burla segundo están cerca de un centro comercial tradicional – no espereis el de Príncipe Pío o el de las cúpulas de Madrid, sino más bien rollo mercado de toda la vida, salvo que con varias plantas- llamado Jali, y lo conseguimos, aunque por fuera, ya que estaban cerrados por obras, pero para que os hagáis una idea, tienen origen tracio, por lo que nos tuvimos que conformar con disfrutar de la parte de las fuentes en donde pudimos comprobar lo caliente que estaba el agua en las que medio Sofía se arremolinaba para llenar sus botellas.

Tras el paseo por el Mercado-de-toda-la-vida Jali, y después de un pequeño susto con las cámaras de fotos, nos dirigimos al sobrevalorado Mercado de las Mujeres, que no es más que un mercadillo al aire libre como el rastrillo de Villaverde de los martes. A esta hora nos empezó a entrar hambre y pusimos rumbo al Mr. Pizza del que hablamos en el primer post, pero con un pequeño problema: nos perdimos (si vaya, lo reconozco, por primera vez me he perdido) y con el consiguiente mosqueo de Juan por dar vueltas y más vueltas sin encontrar el restaurante decidimos entrar en un McDonalds en una plaza llena de libros de segunda mano y pedirnos la ya tradicional y nombrada Big Tasty que habíamos comido en otras ocasiones.

Después de comer decidimos arriesgar nuestras vidas (sin nosotros saberlo) yendo al parque de San Nikolai -que exajerado solo estuvieron a punto de potarme encima una drogadicta-, donde conviven alegremente drogadictos y gitanos de las afueras de Sofía, con niños que acaban de salir del cole.

Por suerte solo fue dar un paseo (en metro) y encontrar otro parque del mismo estilo pero más tranquilo, el Parque de los Amigos del Doctor por el que podías colaborar enviando mensajes de móvil para su manutención y en el que decidimos pasar un buen rato, hasta que empezó a atardecer, momento que aprovechamos para ir a ver el Hotel Arena de Serdika; no el hotel en sí, si no unas  ruinas de un antiguo anfiteatro, anterior al s. III que en lugar de destrozarlas las han aprovechado para su planta inferior y al igual que los baños, o el centro comercial Jali, poco conocido, o poco explotado turisticamente hablando, que aunque lo encontramos cerrado al publico, si es su deseo verlo decir que abre sobretodo de mañana al público en general -a no ser que te alojes en el hotel, que entonces puedes verlo cuando quieras, aunque de todos modos se puede ver, como hicimos nosotros, desde la calle Budapeshta (Alias; “Buda apesta”)-.

En lo que concierne a la cena de ese día, nos decidimos dar un capricho de 12 euros de cena con vistas a la catedral de Alexander Nevski en el Restaurante Victoria los dos -¡al loro!; ¿eh?- en la terraza del restaurante, comiendo un plato de pasta y una pizza que cuando dijimos grande, el camarero se nos quedó ojiplático, por lo que nos echamos para atrás y pedimos pequeña-.

Una vez terminada esta cena, dimos una vuelta por la noche sofiana rumbo al hostal en donde el dueño nos informó que no podía imprimir nuestra tarjeta de embarque, dándonos la referencia de una casa de impresión que no encontramos, por lo que decidimos volver y pensar que lo haríamos al día siguiente y con luz solar.

A la mañana siguiente y como de costumbre, a las 6 de la mañana salió el sol y comenzó nuestro último día en Sofía -un día da de sí para ver la ciudad, por lo que tres y medio como llevábamos ya era avaricia- por lo que decidimos dejar para este ultimo medio día -dado que a media tarde salia nuestro avión rumbo a Madrid- haciendo las típicas compras de recuerdos varios para nuestros seres queridos. Imprimimos las tarjetas de embarque en el hostal -mismo que la primera vez que dormimos aquí y aconsejable preguntar mejor a la señora que lo lleva que al viejo, dado que sabe más inglés- y nos pusimos rumbo a una lista que nos llevamos hecha del hostal de las principales tiendas de turismo de la ciudad en busca también de mi escudo.

El dejar las cosas para el último día, puede salirte mal si no conoces bien las festividades de donde viajas y eso fue precisamente lo que nos pasó. Las tiendas de turismo que habíamos ubicado ya, estaban en su mayoría cerradas, por lo que tuvimos que conformarnos con lo que había -es decir, si antes solo había cuatro, ahora solo dos- encontrándonos con el primer turista español que iba a por lo mismo que nosotros; martenitsas, unas pequeñas piezas de adorno que en Bulgaria lleva todo el mundo a partir del 1 de marzo y están echas de hilo rojo y blanco y que por lo que hemos podido leer tienen distintos significados; unos que si es el invierno y el verano, otros que si que simbolizan la salud y la felicidad… Cabe destacar la extrema amabilidad de las vendedoras de las tiendas de recuerdos como ya dijimos en el primer post, señoras que si llegaban a sonreír un poquito más se les desencajaba la mandíbula.

Mientras ibamos en busca y captura de las tiendas de recuerdos abiertas de Sofía nos encontramos con una manifestación de abueletes que parecían bastante nostálgicos del régimen comunista, con sus banderitas rojas, manifestándose donde se encontraba hasta 1999 el Mausoleo de Georgi Dimitrov (eso lo hemos descubierto luego), no supimos muy bien de qué se quejaban, pero nos hizo gracia.

En las pocas horas que nos quedaban nos dedicamos a buscar una casa de cambio abierta en el Bulevar Vitosha (estaban todas igual de cerradas que las tiendas de recuerdos) para cambiar nuestros últimos levas que nos servirían para comer, comprar los últimos recuerdos y pagar el bus hasta el aeropuerto, y las que encontrábamos abiertas no tenían un cambio real leva-euro -hay que mirar eso siempre a la hora de cambiar, así como ver que comisión cobran, ¿eh?-, por lo que desconfiábamos bastante, por lo que al final, entramos en una que tenía el cambio pero no el trato, me explico, te cambiaban el dinero muy rápido, y no te daban ni las gracias, pero bueno, al menos ya teniamos el dinero necesario.

De cara a comer, quisimos celebrarlo en el Mr Pizza -teníamos la espinita clavada- por lo que ya sabiendo bien en que calle más o menos pillaba -dado que lo vimos con la servilleta en las manos, y el ordenador delante- dimos con Mr Pizza, pero lo bueno es que no era el que habiamos estado antes, y es que hay tres restaurantes de esta cadena en la ciudad siendo cada uno de una temática; uno en plan sillones de cuero -el primero que fuimos-, otro en plan super-hiper-mega pijo y un ultimo, con el que dimos, que era rollo medieval -aunque no por ello el precio cambiaba-, así que después de comer una pizza a pachas y una fuente de lasaña en forma de barco de barro, cogimos nuestras cosas y los recuerdos y nos fuimos al hostal para coger las mochilas y poner rumbo al bus que nos llevaría al aeropuerto, concretamente la línea 84, que une el Aeropuerto de Sofía (terminales 1 y 2) con la Universidad.

Así que sin más mis queridos pupilos y pupilas espero que esto; os sirva esto para reíros, para haceros vuestra ruta, o dormir mejor –porque es realmente soporífero leer tal cantidad de blogs y con la cosa de que tienen que ser de más abajo a arriba-, yo -y cuando digo yo, me refiero a nosotros- creo que ha sido un viaje interesante, una especie de interrail -donde no cogí el interrail- y a unas ciudades -ahora si que hablo por mi, como Juan y el que ha estado escribiendo en negro hasta ahora- que apenas tenía ningún interés en ellas, y que gracias a Segundo -el azulete-, me ha gustado conocer y han aumentado mi interés en ellas, tanto que quien sabe si en alguna de ellas nos depará alguna sorpresa el futuro, ¿no? ;¬) -esto solo lo pillará de momento mi compañero de post y quien sabe que si se cumple, vosotros también seáis testigos de ello, jej-, y muy recomendables de visitar antes de que el turismo o El País, empiece con sus rutas por países varios destrozando lo poco que les queda de autenticas -imaginar como sería Madrid si no pensáramos en los que vienen de fuera a vernos, ¿creéis que sería igual?-. Un saludo y sed felices (en todos los matices).

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