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BENELUX 2012 1/3 (Introducción y Ámsterdam 1/1) 3 agosto, 2012

Posted by jmorsa in EVS, Viajes.
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No todo en el voluntariado va a ser trabajo y quejas sobre lo mal que me trata VGK ¿no? De hecho, por fin ha hecho algo bien y es irse de vacaciones.

Si pupilos, llega agosto y al no haber escuela, Društvo Ustvarjalcev Taka Tuka tampoco tiene mucho más sentido que las esporádicas fiestas de cumpleaños que se dan en mi hogar, por lo que mi jefa en un alarde de generosidad, ha decidido hacer un intercambio con algunos de los niños sordos del colegio –y en concreto con su grupo, dado que ella es cuidadora en la residencia- y llevárselos a Chendú– una ciudad hermanada con Eslovenia-. Todo esto sería muy bonito si esta tía se los llevara, pero lo cierto es que ella ha preferido encasquetarla el muerto a otra y recorrerse por su cuenta y a gastos pagados de la Unión Europea 13 días antes el país asiático, mientras que los críos, que irán con una profesora a la que le tocó ir con ellos para disfrutar de un viaje de 6 días –sí señor, la señora es así-  lo que significa que 1) por un lado nos hace ver el tipo de persona con la que trabajo –para que luego diga que tiene problemas con su marido porque para ella “los niños son lo primero”– y 2) eso equivale a 2 semanas y media –casi 3- sin jefa, por lo que quitando que antes de irse me y nos dejó el trabajo pautado para su regreso tenerlo listo –cosa que me quité en tres días para estar totalmente libre- yo… ¡Yo también tengo vacaciones!

 Y de eso precisamente os vengo a hablar en este post, de una nueva guía como ya hice en Balcanes, Roma, Berlin, ParísLondres, o el viaje “fantástico” –según segundo porque me inventé una línea de metro- a Lisboa con el que empecé este blog, os presento; BENELUX 2012 –y no me peguéis por no contaros como fue Budapest 2012, ¿eh? porque no estaba en aquel entonces el “horno para bollos”-.

Y pensareis… “pero coño Juan, teniendo ciudades donde tienes gente que te acoge como son los de tu arrival training o incluso países a tiro de piedra como Croacia ¿pa qué te vas tan lejos?”. Pues sí, os contesto; se que está lejos comparado con otros destinos, pero buscar aquí un viaje económico a los países vecino es como encontrar un viaje económico a Canarias en España; ¡Hasta el Caribe sale más económico!

Y es que tras que el turco me hablara de una compañía cuasibarata desde Ljubljana –Adria Airways-, empecé a ver con Segundo posibles destinos; que o bien ya habíamos visto, bien salía el tren más barato que el avión o no tenían ninguna correspondencia diaria para ver la zona –como tirana- haciéndonos quedar 4 días -¿Tanto hay que ver en Tirana?-. Así que al final la lista se redujo a 3 ciudades y 3 fechas; Ámsterdam –la cual penamos que sería demasiado cara como para alojarse-, Copenhague –ciudad que queda en la reserva con posibilidad de hacerla en otro momento cercano- y Bruselas –que no dejaba de ser como Ámsterdam pero con mejor  correspondencias en caso de querer movernos y ver otras ciudades y capitales-, por lo que al final y debido yo creo a mi obsesión malsana con los parches de las capitales, decidimos embarcarnos en un Ljubljana-Bruselas y luego ya de allí partiríamos a Ámsterdam y Luxemburgo –pero no adelantemos acontecimientos- por lo que después de una visita a la biblioteca pública de Liubliana en busca de que ver, donde dormir y cómo comer y luego en casa en múltiples foros  sobre otras cosas curiosas sobre las ciudades que veríamos, preparamos nuestro viaje en apenas 5 días porque nos íbamos a conocer el Benelux –cada vez que hacemos un viaje lo planificamos con menos tiempo; ¿Qué será lo siguiente? ¿En un día?-.

Ámsterdam 2012 1/1

El viaje de Ámsterdam comienza en Bruselas, a las 7.00 a.m de la mañana, y en el Hotel Van Belle dónde nos alojamos todas las noches en este viaje –pero eso en Benelux 2012 3/3, jaja-. Después de una duchita –si lo sé, raro en mí- y un merecido desayuno en el bufet de hotel a base de jamón york y queso en lonchas con pan bimbo –eso sí que era pan y no el de Ljubljana- fuimos a la estación de Bruselas Midi para coger el tren de las 8.15 que en 3 horas justas nos llevaría a Ámsterdam.

¡Craso error! Porque después de esperar, esperar y esperar una hora, parece ser que nuestro tren no apareció teniendo que coger el siguiente tardando una hora más para llegar a nuestro destino en las que odié no saber el francés suficiente como para poner la reclamación correspondiente, mientras Segundo me calmaba con frases del estilo “¡Deja ya de verlo todo tan negro, joder!”.

Después de cómo digo 3 horas de rigor en la que nos dimos cuenta lo fácil que es burlarse de los revisores con los billetes –no los pasan por ninguna máquina, tampoco los marcan con la fecha del día, cosa que puedes coger y modificar el pdf a tu antojo y ahorrarte 20 o 40 euros si te pones por parejas al imprimir y obtener los billetes en SCNB– llegamos a Ámsterdam Central.

Cómo el viaje era solo de un día, una cosa teñíamos clara; teñíamos que quitar de la lista la visitas a museos –mejor dicho, al interior de los museos- y más llegando una hora más tarde. Nada más salir de la estación, nos dimos cuenta de lo verdadero caos que supone una ciudad europea tan enfocada al turismo; bicis everywhere –hasta el punto de que cuando escuchábamos un timbre ya pensábamos que nos iban a atropellar; en la acera, la carretera, por prohibida- tranvías, turistas y las tres X –símbolo de la ciudad- por todos lados y en todos los formatos –cuyo significado oscila entre la historia de San Andrés, patrón de la ciudad, que fue crucificado en una cruz en forma de X, el valor, la determinación y la misericordia que defendía la reina Guillermina y los tres males a los que ha sobrevivido la ciudad; incendios, inundaciones y la peste-, yo más bien veía un corsé por las prostitutas de la ciudad, pero dejemos el tema.

Frente a Ámsterdam Central y siguiendo la calle Damrak, una avenida ancha con comercios y restaurantes –no tiene perdida, todo el mundo va en la misma dirección- esquivando mareas de japoneses y alguna que otra bici que aviso, no tienen como ya he dicho antes cuidado alguno, encontramos –o mejor dicho nos topamos- con Dam Squeare. La plaza Dam para los amigos, es una plaza irregular en donde podréis ver el Koninklijk Palais, la Nieuwekerk y el museo de cera Madame Tussaud, donde tienen cual p*** en el escaparate al buenaco de crepúsculo –al gusiluz, no al hombre lobo-.

Una vez vista y las fotos de rigor, así como vistas las actuaciones de rastas de camiseta a 8ºC y cosas así, tomamos a la derecha la calle Spui y después también a la derecha Raadhuisstraat –aquí las calles son straat-. Así llegamos a ver la Westerkerk –kerk es iglesia- y la Casa de Ana Frank –bueno, mejor dicho la cola, porque cuando llegamos vimos lo laaarga que es, por no decir que hay otra para hacerte una foto con el letrero típico de “Aquí vivió Ana Frank”-, a pesar de ello, si doblas la esquina puedes encontrar una estatua de la misma de la que la gente pasa.

Al salir recorrimos las orillas del Canal Singel por Spuistraat para llegar a Begijnhof. Según lo que leímos en foros se trataba de una patio bastante oculto, lo que era verdad, porque es realmente difícil dar con la puerta de entrada –según la guía si no la encontráis preguntad por el mercado de libros en inglés (obvio) para que os indiquen la entrada abovedada-, y por ello poco turístico, pero quizá nosotros llegamos en hora punta, porque cuando entramos el patio verde y sin ruidos llenos de casas de beginas -mujeres católicas laicas del año 1300- y entre ellas la casa más antigua de Ámsterdam, nos encontramos con oleadas de turistas sacando fotos intempestivas.

Terminada la visita a Begijnhof seguimos recto hasta el Bloemenmarkt –o lo que es lo mismo, el famoso mercado flotante de flores- donde ni por un instante dudé en comprarme mi Venus atrapamoscas –y la obsesión que tiene esta gente con los tulipanes- y las ricas muestras de queso de las tiendas –qué ganas de comerme un minibabybel-.

Una vez visto el mercado bajamos por Koningsplein y Leidse straat llegando a la plaza de Leidseplein desde la que cogimos la  Stadhouderskade II -¿mucho lío de nombres?- para llegar al Rijksmuseum -en obras- y visitamos el típico letrero de “I Ámsterdam” haciéndonos la foto de rigor entre el gentío, porque es imposible hacerse una foto y que salgas solo.

Teniendo más hambre que el perro de Chopapic a eso de las 16.00 nos pusimos en la búsqueda y captura de un restaurante y no la típica franquicia en la que comes Hamburguesa –parece ser lo típico que hay en la ciudad porque Mc Donalds, KFCs hay a porrón-.

¿Y qué comimos? ¡Hamburguesa! –no querías café, pues toma dos tazas- a un precio de oro -30 euracos-, eso sí, con su cervecita de Ámsterdam -Heineken, pero al menos era de allí, ¿no?-. Por lo que si seguís esta guía, esperaros a comer en el barrio rojo, está lleno de Mc Donald, KFC así como chinos y restaurantes baratillos.

Así que después de comprar nuestros recuerditos de la ciudad –yo mi escudo y Segundo su libro en otro idioma- volvimos a la plaza Dam -¿recuerdan? La del monolito blanco y los artistas callejeros- y de ahí a su izquierda al famoso barrio rojo de Ámsterdam –tiene pelotas, que lo turístico de Ámsterdam sea el barrio de las p***s y las drogas, aunque tranquilos, hay tanto turista que ver a un poli es lo más normal del mundo- y en dónde quitando a los escaparates donde las p***s posan entre luces de neón, se pueden hacer fotos dónde veas –aunque también hay algún turista que se hace el loco con este tipo de reglas no escritas y también saca fotos a los escaparates-. Lo mejor es que improviséis el camino, aunque si queréis una guía de calles podéis intentar ir de  Damstraat a Zeedijk,de ahí a Kloveniersburgwal, Warmoesstraat y Oudezijds Voorburgwal -eso si, con el plano en la mano que es un barrio algo laberíntico-.

El barrio rojo me recordó un poco a una tragicomedia; comedia porque es gracioso ver la cara de los tíos salidos sonriendo a los gestos que les hacen las prostitutas buscando clientes mientras que sus novias ponen cara de decir “¡puff! A ver cuándo termina la visita”, comedia también porque es curioso ver tanta condonaría y tiendas de SDMS juntas, pero tragedia porque no sé, sé que estoy acostumbrado a ver prostitutas en Montera o los alrededores de Madrid Centro, pero verlas en los escaparates, no sé, me da pena, aunque ¡oye! al menos ellas lo hacen porque quieren, dado que en Ámsterdam es legal, y no tienen proxenetas –o eso creo- dándolas por saco.

En el mismo barrio, además de las oleadas de turistas, prostitutas y condonerías también están los llamados “coffe shops” –lo que buscan los jóvenes, vamos-; un local en dónde poder fumar maría tranquilamente -eso sí, sin tomar nada de alcohol, porque aunque parezca anecdótico, no venden alcohol-. Nosotros andamos a la búsqueda de uno que nos convenciera por aquello de decir luego “he ido a Ámsterdam y me he fumado un porro”, pero el miedo a parecer novatos y pensar que compraríamos un cogollo de María sin liar nos hizo echarnos atrás, cambiando el ratito de estar fumaos en el local y llegar chisposos al tren, por ver otra zona de la ciudad que teníamos en el rincón de cosas de por si aca –por si acaso da tiempo, por si acaso nos apetece…- que fue intentar llegar a un barco pirata en la zona norte y en el noroeste el típico molino holandés –que además creo que se puede visitar-. Pero al final llegamos a medio camino y por miedo de no pillar el tren y tenernos que esperar al siguiente llegando muy tarde a Bruselas –porque aquí tú pillas el tren y puedes ir en cualquier horario a tu destino siempre que sea en el mismo día-, terminamos llegando a un macrorestaurante chino de tres pisos en medio del canal.

Ámsterdam es una ciudad grande, impresionante y caótica si ya te has acostumbrado a lo tranquila que es la capital eslovena, pero merece mucho la pena visitarla –aunque sea un día como nosotros-. Quizá con más tiempo hubiese visto el Rijsmuseum, el Museo Van Gogh o incluso haberme leído el libro del Diario de Ana Frank para entender mejor todo el ambiente que le rodeaba, pero bueno, siempre puedo coger un diccionario holandés – español y traducir el libro que se compró Segundo, ¿no?… pero ya en serio, me ha gustado, y bueno, después de ciudades como Belgrado, Skopje y Sofía donde no ves ni un español ni en su embajada, ya era hora de visitar una ciudad turística ¿no? por lo que sin más y como dijo Descartes; “¿En qué lugar del mundo se pueden encontrar tantas comodidades y curiosidades al alcance de la mano? ¿En qué lugar del mundo se puede sentir tanta libertad?”

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Comentarios»

1. BENELUX 2012 3/3 (Bruselas 1/1) « CAMINANTE NO HAY CAMINO - 3 agosto, 2012

[…] es que ya si podemos hablar del hotel -que seguro que era algo que os estabais preguntando desde Benelux 2012 1/3-, porque compete a lo que es la ciudad de Bruselas. Nos alojamos en el Hotel Van Belle en digamos […]


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