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#SOSvencejo 7 julio, 2015

Posted by jmorsa in Dedicatorias?, Entretenimiento, Memes y otras idioteces.
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Puede que por producto de la poca información que encontré del tema por internet –ahora con más tiempo he encontrado más, pero cuando me puse a mirar por el móvil sólo leí un par de blogs-, o que ¡corchos! también quería rendirle un homenaje, dado que este blog no deja de ser parte de mi mismo y yo -por mucho que nos cueste admitirlo a muchos que van de gurús-, soy más que hablar de educación, orientación y nuevas tecnologías; hoy os hablaré de la aventura que me ha ocurrido este fin de semana –aunque a nadie le importe-.

Y es qué… ¿quién no se ha encontrado alguna vez una cría de vencejo en el suelo?

El pasado viernes, callejeando por calles secundarias del centro  de Madrid  con Segundo con el fin de evitar la endemoniada ola de calor, entre la calle Sta Clara  y de Vergara, nos encontramos una urraca como picoteando a un polluelo. Lo que creíamos que era una madre intentando ayudar a su polluelo a remontar el vuelo a medida que nos acercábamos vimos el carácter violento de la situación. Si bien es cierto que había un polluelo, éste no era de urraca sino de vencejo y más que ayuda lo que hacía era darle picotazos en la cabeza para quien sabe qué cosa, porque nunca pensé que una urraca hiciera eso. Nos acercamos rápidamente al hecho en sí y espantando con palmas a la urraca vimos que el pobre Wenceslao  –como le apodamos- no podía volar.

Intentando hacer el amago para que volara, el pequeño se aferraba como podía a mis dedos como si no hubiera un mañana, por lo que viendo que la urraca no hubiera dañado mucho a nuestro amiguito salvo una pluma en el timón de la cola, aún palpitante, gracias a unas cajas decidimos dar una segunda oportunidad al pobre. Si hubiésemos visto al pajarillo sólo quizá hubiésemos pasado del bicho, si fuera otra especie como una paloma o un gorrión ídem, pero  ver la situación de la urraca quien miraba desde una terraza como si esperara que lo dejásemos nuevamente en el suelo, y la ayuda inestimable de tener unas cajas cerca hizo que se nos ablandara el corazón y dejando para otro día nuestros planes, quisiéramos darle una segunda oportunidad.

Y así llegó a nuestras vidas Wen –sí, si, el de la foto-. Una pequeña cría de vencejo donde por muchos conocimientos ornitológicos que tuviera de cuando siendo pequeño devoraba sin fin libros y más libros del tema, nos enseñaría que no podemos jugar a ser Dios y a veces debemos ser capaces de delegar responsabilidades en aquellos que saben del tema.

Pero no adelantemos acontecimientos… listos para darle una segunda oportunidad a Wen decidimos que lo mejor sería hidratarlo, por lo que yendo  a la primera farmacia cercana compramos un cuentagotas que llenamos a falta de fuentes con la cara dura que nos caracteriza en un bar de la zona. Subimos a la plaza que hay junto a la calle misericordia –cerca de donde ponen el Cortilandia-, con sombra y poco concurrida y ahí le dimos de beber. El pobre aún ubicándose con tanto trajín mordía el cuentagotas con ansia pensando que así bebería más desconociendo que el que saliera más o menos agua dependía de nuestro empuje, por lo que una vez hidratado y hablado de propuestas de soluciones lo llevamos a casa –si, muy lejos de su zona de origen- pensando que le trataríamos como se merecía.

Después de un rato en casa y provechando las bajadas de temperaturas, decidimos que era hora de ver si podía volar, así que en el parque de al lado de casa intentamos cogerle y sobre las manos esperar que el mismo cogiera impulso –cosa que según la fuente, se dice que el mismo tiene que hacerlo o como nos dijeron después impulsarlo, por lo que creo que podéis hacer lo segundo siempre desde una altura no muy alta para evitar que si cae se haga daño- pero no hizo nada. No es que estuviera medio muerto, pero quizá era demasiado pequeño para hacerlo por su cuenta por lo que pensando que a la mañana siguiente estaría más recuperado, decidimos esperar metiéndolo en su cajita con ventilación y papel de cocina en la base y papel en tiras a modo de nido tal como recomiendan en http://www.falciotnegre.com/ -nunca, NUNCA en una jaula con barrotes dado que eso puede hacer dañar sus alas o sus patas-, muy recomendable para quien se encuentre en esa situación.

A la mañana siguiente pasó lo mismo, en la mañana aunque se le veía con fuerza y ganas aleteando, fue intentar forzarlo y cayó al suelo por lo que tocaba una segunda parte a la que aún no nos habíamos enfrentado; darle de comer.

Si bien agua era bastante fácil ya, porque estaba más que habituado a nuestro cuentagotas, era enseñarle una hormiga y ni abría el pico, por lo que ¿qué demonios podíamos darle de comer?

Pidiendo ayuda a expertas en agapornis como mi amiga @HedwigKudo y leyendo por internet encontramos que los vencejos eran insectívoros pero que en caso de encontrarse uno en estas condiciones lo mejor y más apropiado –esto depende de las páginas como siempre digo- era darle aportes vitamínicos y minerales –cosa que no nos hacía dado que no pensábamos quedárnoslo para siempre- y chóped o carne picada –nunca arroz, alpiste ni fruta, son insectívoros-, Por lo que revisando en la nevera –porque la carne picada estaba en el congelador- , cogimos un cachito de chóped y… lo mismo ¡no comía! Probamos a ponerlo delante de un espejo por si detectaba que había competencia por comer o incluso audios de vencejos y nada por lo que leyendo en otro blog vimos que la mejor manera de darle de comer era forzándolo con las dos manos tal como explica aquí Carlos (http://bricotallerdecarlos.blogspot.com.es/2011/07/pollo-de-vencejo-2-la-historia-se.html) pero nos dio tanta grima que pudiéramos hacerle daño que empezamos a buscar soluciones haciendo caso omiso a las barbaridades de internet, porque lo que no era monstruoso como que se conseguía “acariciándole el cuello y el costado” a nosotros no nos funcionaba.

Finalmente, fruto de no sé si la desesperación de que sólo bebiera agua –con azúcar, en casa la mezclamos con azúcar-, o yo que sé qué, con ayuda de un folleto de publicidad entre las dos partes del pico, y a base de intentarlo –y sudar- mucho conseguí que abriera la boca, ocasión en  la que Segundo corría en introducirle cachitos de chope que el pájaro engullía sin problemas.

Por lo que  alegres de haberlo conseguido, y tras nosotros también comer; si no hubiéramos tenido suficiente con encontrar una caja para llevárnoslo a casa, darle de beber y ahora de comer, llegó el tercer problema; ¿qué hacer con Wenceslao?

Twitteando –y wassapeando- con el hashtag #SOSvencejo en busca de un alma caritativa que se encargara de él, dado que el lunes estaba a la vuelta de la esquina y eso indicaba que ocho horas no podíamos dejarle sin comer, que necesitábamos ser dos para darle de comer en condiciones, que en mi casa mi madre me hubiera dicho “¿qué cojones hago con el bicho ese?”, o comentarios de Álvaro en plan –se va a morir, debisteis haberlo dejado que s elo comiera la urraca-, la alegría que pudiéramos tener se convirtió en desesperación al ver que no se trataba de un búho, o un aguilucho fácil de llevar a cualquier reserva animal rollo Brinzal de la Casa de Campo; ¿quién coño se haría cargo de un “vulgar” vencejo?.

¡Pues lo había! Los vencejos comunes –no es que diga que es común si no ese es su segundo nombre-, como todos los pájaros insectívoros, están protegidos por la ley, la Ley 2/1991, de 14 de febrero, para la Protección de la Fauna y Flora Silvestre en la Comunidad de Madrid que dispone que la Consejería con competencias en medio ambiente, establecerá Centros de Recuperación de Especies de Fauna -Centro de Recuperación de Animales Silvestres o CRAS para los amigos- cuya finalidad es el cuidado, mantenimiento, recuperación y posterior devolución al medio natural -si fuera posible-, de ejemplares de fauna silvestre que se encuentren incapacitados para sobrevivir por sus propios medios.

Por lo que gracias al 010 que nos dijo que llamáramos al 012, al 012 que nos dijo que llamáramos al 092 y el 092 –policía municipal- que se puso en contacto con el Servicio Veterinario de Urgencia de la ciudad de Madrid (SEVEMUR) pudimos dar no una segunda, sino una tercera oportunidad a Wenceslao.

La verdad, que quizá os la soplen este tipo de cosas, pero a mí me gustó mucho la experiencia y sobretodo aprendí de un servicio que pago y no sabía ni de su existencia. Ahora y aunque como dice Segundo “tengo el síndrome de nido vacío”, creo que Wen está en lugar mejor y aunque sea una minucia, me siento mejor conmigo mismo y maldigo a la urraca del mal, jaj.

Sed felices y si veis un vencejo ya sabéis que hacer :¬)

¡Hasta pronto pupilos!

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