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Pekin express 2016 3/5 13 agosto, 2016

Posted by jmorsa in Viajes.
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Día 3: Zàijiàn Shangai!

Con la cabeza como si hubieran pasado más de 3 días, debido a la buena aclimatación que teníamos a China, pese al shock cultural del que se nos había advertido, y con la alarma en el reloj para no olvidarnos que regresábamos a Pekin a las 5 de la tarde, empezamos el día desayunando en el Mc Donal con el fin de hacernos con un café aceptable y no los nuddles que parece que los toman a todas horas aquí.

En el MC nos atendió la típica china que sabe algo de inglés y nos dijo que España solo pensaba en fútbol y China en estudiar, por lo que pensando en que menos mal que en España sólo se pensaba en fútbol y ella a lo más que había aspirado es a ser dependienta del Mc café habiendo como decía “estudiado” porque era lo primero para su país, desayunamos y empezamos a recorrer nuestras primeras paradas después de pagar en el hotel y dejar la mochila en consigna. ¡Aviso! en China todo hotel te cobra 300 yuanes de seguro que te los reingresan cuando te vas.

Y nuestra primera parada fue… ¡M&M center!. Sí, no me preguntéis por qué, pero entre las cosas no turísticas que anotamos para ver si teníamos tiempo, era esta popular tienda de chocolates. Siempre había escuchado que en Londres y Nueva York eran la caña, con sus expositores para pillçartelos de los colores que prefieras, con peluches y todo lo imaginable, pero tenía que verlo con mis propios ojos puesto que cuando estuve en Londres ni sabía de su existencia. Pero jamás hubiese pensado de algo así en China y tan lleno de chinos como siempre y todos los sitios a los que hemos ido.

Vale, sí, es una tienda normal, con sus particulares Lacasitos, pero me gustó, incluso me hice una foto con el típico Emanems gigante que aquí tenían forma de Bruce Lee, de Guerrero de Xian y hasta de panda :¬). No me compre nada por la cola y porque tenía pensado en hacer más cosas antes de que nos fuéramos, pero fue curiosa la experiencia, porque son dos plantas y la sala en la que puedes elegir el color de un Emanems en unos tubos fue el paraíso de cualquier TOC jaja.

Una vez acabado nuestro lado friki de visitar este tipo de cosas que ni vienen a cuento y ni son típicas de la ciudad, cogimos el metro para ir al Buda de Jade que pesa 3 toneladas y mide 1,95 metros en un templo. Sin embargo y aunque estábamos en la zona (fuimos en metro) ni rastro del Buda ni de su templo, por lo que tras desesperarnos siguiendo el curso del río desde donde “supuestamente” (parece ser la palabra de este viaje) se veía el templo y sin posibilidad de tener google maps porque como ya os dije en el primer post del viaje, está capao por la república, dimos por imposible encontrarlo entre el calor y no saber si estábamos o no en el lado correcto, por lo que cogimos nuevamente el metro, no sin antes pillar agua -otra cosa no será pero agua si vas a china en julio o agosto vas a gastar- y nos fuimos a conocer el Tren Maglev, un tren elevado por unos potentes imanes que proporcionan la propulsión y elevación que se considera el tren más rápido del mundo porque hace 30 kilómetros en apenas 7 minutos yendo a 300 km/h de máxima en las franjas de alta velocidad y 240 en las de baja.

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Yo no soy muy de estas cosas, pero al ir con un friki de los trenes como es Segundo, pagué 50 yuanes por cada uno y como otros chinos (hay chinos que sólo van para montarse, sin tener que ir al aeropuerto) disfrutamos haciéndonos fotos y sentir la velocidad en nuestros oídos.

A la vuelta cogimos el metro para ir finalmente al hotel y de este a la estación y menuda diferencia; ¡una hora de metro!

Por lo que tras recoger la maleta y decir que “no” al botones, con su insistencia en llamar a un taxi, cogimos nuestros bártulos y llegamos a la estación en donde a prisa y corriendo nos comimos un menú del día en una franquicia llamada “Uff” con el dibujo de un viejo Shaolin a lo KFC que consistía en arroz, una especie de carne picante con verduras, una gelatina viscosa que yo pensaba que eran natillas pero no, era caliente y salado y una especie de zumo de granada por unos 30 yuanes cada uno.

Una vez en el tren, sin volver a repetir acontencimientos de cuando fuimos a Shangai, llegamos a Pekin sobre las 22:30, por lo que teniendo en cuenta que el metro en muchas líneas cerraba a las 23, fuimos a toda mecha al metro, y nos enfrentamos al taquillero quien no nos entendía bien cuando le decíamos la parada (porque las máquinas ya estaban cerradas), tendiéndosela que enseñar segundo en un papel, dado que el tiempo corría en nuestra cuenta.

Una vez llegados al barrio del hotel, algo así como plaza Castilla, Segundo usó su tradicional método de localizar el hotel siguiendo las anotaciones que tenía previamente anotadas, pero no funcionaron como esperaba. Pese a la buena intención de Segundo y pese a que aparecía muy próximo al metro, veíamos que dábamos vueltas sin llegar a ningún puerto a media noche, en un barrio en el que cada vez -y mira que es difícil- había menos chinos, aumentando la desesperación de Segundo por encontrar el hotel, que se puso a buscarlo con una brújula gps con el móvil porque teníamos las coordenadas en el propio resguardo de la habitación.

Por lo que tras muchos intentos y medio vencido, tomé las riendas y pregunté al primer grupo de chinos que encontré en chino, porque en ese barrio y más la gente de a pie, inglés como que no.

Para mi sorpresa el hotel (Hong Wei Yi Jia Beijing Asian Game Village) existía pero los chinos a los que pregunté sólo discutían de si estaba a dos o tres calles de distancia. Mientras ellos hablaban, les preguntabaèr Jiē?(¿dos calles?), a lo que ellos me contestaban que si y que no. No es que no me entendieran, es que mientras uno decía que si, el otro le decía que no era así y eran tres, por lo que teniendo en cuenta la dirección que me indicaban volví a preguntar “Zhí?” (¿recto?) y tras escuchar su “Shì de” (si), cogí la maleta de Segundo con este detrás y me puse rumbo en la misma dirección.

Tras unos cinco minutos andando, volví a preguntar a una pareja, quien me indicó la misma dirección y me dijo algo de lo que sólo pude entender (ocho) por lo que tras hacerle el símbolo ocho con las manos, me dijeron que si, y me escribieron en un traductor que estaba a ochocientos metros, por lo que seguimos recto y llegamos por fin.

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¡Menuda aventura! habíamos llegado al hotel pero aún quedaba hacer el checking y subir a dejar las cosas, por lo que eso hicimos y tras conseguirlo (aunque no conseguimos dar con ninguna de las habitaciones chulas con las colchas de mono como queríamos) y encontrar a una tía en el ascensor nada más abrirse que parecía que iba a vomitar en cualquier momento, volvimos sobre nuestros pasos para cenar algo en el único restaurante de la zona, en el que sólo había chinos y la carta obviamente no estaba en inglés.

Por lo que jugando a “pinto pinto, gorgorito” la carta para señalar al azar lo que comeríamos esa noche, nos trajeron dos platos que volaron de la mesa de las ganas que teníamos de comer y descansar tras el día que habíamos tenido.

Día 4: Ciudad Prohibida

El plan de hoy era recuperarnos de la paliza que nos habíamos metido en el tren la noche anterior, por lo que para ir entrenando de cara a cosas como la muralla china que sería nuestro día 5, decidimos que iríamos a ver el Mausoleo de Mao -que no Maoma, Rebeca- y la Ciudad Prohibida, a ambos lados de la plaza de Tiannan men.

“¡Ey!, entonces el día 4 debería llamarse también mausoleo de Mao, ¿no?” pensareis, pero no.

Porque siguiendo nuevamente a la más que errada Loney Planet, las supuestas taquillas que había para dejar en la puerta del mausoleo eran en verdad gente con paraguas que por un precio acordado te custodiaba las mochilas.

Por lo que sin que sirva de precedente, y pese a que si era verdad que los chinos guardamochilas se quedaban las horas que hiciera falta bajo el arduo sol vigilando estas, nosotros viendo peligrar nuestra cámara de 300 euros, decidimos que lo haríamos por turnos quedando en el lado este de la plaza, un lugar donde apenas había bullicio para localizarnos dado que por lo que se ve, no se puede pasar más que la documentación en el edificio.

Así que sin echarlo a suertes, porque verdaderamente la fila de entrada -solo de orientales todo hay que decirlo- corría que se las pelaba, le dije a Segundo que él sería el primero, mientras que yo iría después.

¡Craso error! Porque la cola para ver al dichoso Mao, corre que se las pela, pero son muchos los chinos que quieren verlo, por lo  que igual tardas (como más adelante os contaré) tres cuartos de hora como hice yo o dos horas y media como lasque me tocó esperar a mi, entre movimientos estereotipados y poniéndome en lo peor, dado que el único que llevaba si acaso dinero o teléfono era yo.

Por lo que tras esas dos horas de espera inquieta poniéndome como digo en lo peor, a lo Marge Simpson cuando van a Brasil (Bailándo y preocupándome a la vez), porque a cada segundo venía un oriental con intenciones de hacerse una foto conmigo y si era de del “summer camp” -un campamento en inglés de unas niñas de yo que sé que región de China que me vinieron unas 16- contarme la historia de China y lo que podía hacer en su capital con diferentes niveles de inglés al que tenía que evaluar del 1 al 10, apareció Segundo y no sé si por alegría o qué, casi le abrazo de saber que estaba bien.

Digo “casi”, porque aunque era una alegría saber que lo que me había imaginado no era real, casi le abrazo de la emoción, pero al momento recordamos ambos que estábamos en un país donde ese tipo de cosas no estaban muy bien vistas por lo que paramos en seco nuestras acciones, jaja.

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El caso es que tras él me tocaba a mi, pero viendo lo que tardó pensé que lo mejor era venir otro día, por lo que cruzamos por la pasarela subterranea al otro lado -única forma para llegar- y entramos en la Ciudad Prohibida.

Para quien no lo sepa, esta ciudad, era el palacio imperial chino desde la dinastía Ming hasta el final de la dinastía Qing (hace mucho tiempo), construido en el siglo que nosotros estábamos descubriendo América,  un foso de 54 metros de ancho y un muro de 10 metros de alto, alberga nada  más y nada menos que alberga 980 edificios y ocupa 720 000 m² (vamos, una Ciudad Universitaria cualquiera sólo que con la cosa de que tienes que ir andando a todos lados), siendo declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987.

Como la colección del museo se encuentra hoy en el Museo Nacional del Palacio en Taipéi, pues ambos museos pertenecieron a la misma institución y se dividieron tras la Guerra Civil China, decidimos limitarnos a ver los exteriores y los palacios visitables con la entrada de sesenta yuanes. Entre otras, porque uno de los museos que puedes ver adicionalmente a la ciudad (por otros veinte yuanes) es de los relojes, por lo que pasamos un poco del tema.

Hay cola, pero lo bueno que tiene es que los chinos son muy eficaces por lo que corre que se las pela. Dentro de la ciudad, que ya de por si impresiona ,decidimos ir un poco a nuestra bola, descansando en los pocos espacios de sombra en el que se acumulaban como nosotros cientos de chinos. En teoría hay cosas que no debes perderte, como el “muro de los Nueve Dragones en el Palacio de la Longevidad Tranquila”, “Trono del Palacio de la Pureza Celestial” entre otros, pero es tan grande, que para que te hagas una idea muchas de las cosas imprescindibles se nos pasaron, y cuándo nos dimos cuenta de ello, estábamos tan lejos de estas y quemados por el sol que fue una de; “lo que hemos visto nos ha gustado, ¿no?”, pues ¡listo!

Una manera que teníamos para guiarnos en nuestra visita, dado que no teníamos más guía que la Loney y ahí sólo había un mapita chiquitito del recinto, fueron el simbolismo de los templos. Me explico; de igual forma que en todas las estructuras de la ciudad predomina el amarillo, color del emperador, tejas negras porque ese color se asocia con el agua y por tanto previenen incendios, y las residencias del príncipe heredero, que cuentan con tejas verdes porque ese color se asocia con la madera y, por tanto, con el crecimiento, esos mismos tejados tienen unas figuras en sus esquinas que dan orden a la importancia del edificio para el emperador. Y es que a pesar de que en los tejados puedes ver un hombre que cabalga un ave fénix y por un dragón imperial, hay una serie de figuras secundarias que son “wangshous” -entre otros- que funcionan a modo de “estellas michelin”, es decir, según el número de estas figuras aparezcan en el tejado se trata de un templo o edificio más importante para el emperador, encontrando hasta un total de 9 espíritus del agua.

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Además de lo que impone estar ante una ciudad que no se abrió hasta en 1925, para los frikis de la historia y el simbolismo en el arte, el nueve es un elemento presente en la arquitectura de la ciudad, dado que este número se reservaba exclusivamente al emperador en cuestión (y ay de ti como lo usaras), estrapolándose a un montón de elementos de la propia ciudad como las estancias (9999), los 9 “espíritus del agua” de los que hablaba antes, que los protegen como fuerzas ignífugas,  9 veces  9 tachuelas cubren las puertas del palacio o incluso 9 dragones en el muro que separa el Patio exterior de los aposentos de la familia imperial.

Tras la visita, que de verdad si vas a Pekin, debe ser uno de tus imprescindibles, volvimos al hotel con ganas de pegarnos una ducha y quitarnos el fuego de la piel, por lo que fuimos sin pensárnoslo, dejando atrás la torre de la campana y del tambor para otro día.

Una vez de vuelta al hotel y tras descansar, vimos que lo que menos nos apetecía era otra “chupá” de sol, y decidimos dado que al día siguiente nos esperaba la muralla china, aprovecharíamos para ir al centro comercial de al lado del hotel, para hacernos de provisiones tales como agua o embutido para hacernos un sandwich a precio de “delicatessen”, porque no olvidemos que eso en china no se estila del todo, jaja, no sin antes, comer (aunque a horas intempestivas) en un burger, porque tampoco teníamos un hambre gigante una Corean BBQ.

Una vez comido y visto que necesitábamos pasta para comprar lo que queríamos comprar en para el día de la muralla, buscamos un banco que tuviera las instrucciones en inglés para sacar dinero y que no nos alertara de cobrarnos comisión.

Nosotros en ese momento no lo sabíamos, pero acabábamos de hacer cuatro transacciones y no retiradas de banco hasta el momento como Evo Banco dice que te dan sin comisión, por lo que a partir de ahora toda sacada u operación nos costaría un euro más. Así que entendida esa pecularidad y sabiendo que otros bancos la comisión iba a ser peor,  dando con un banco por fin que hablaba en ingles decidimos sacar dinero asumiendo el euro por la cara que les regalaríamos.

No me pregunten qué coño, porque si que pusimos bien el pin, al botón de carcelar porque nos saba el dinero de la cuenta de crédito y no de débito, el banco empezó a tener una cuenta atrás que nunca habíamos visto. Bromeando y pensando que era sólo un mecanismo que avisaría de cuando saldría la tarjeta decíamos entre risas “¿te iaginas que ahora nos da la tarjeta hecha tiras?”cuando de pronto ¡la tarjeta no salía!

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Sí como lo oís, era por la tarde, en un banco cerrado, y se habían comido nuestra tarjeta de crédito. Vale que teníamos las del Santander pero fue una de “¿y ahora qué?”, así que nerviosos Segundo se quedó en el cajero, mientras yo intentaba llamar la atención de los del banco, que pese a estar cerrado seguían trabajando allí.

De pronto y como el seguridad no me entendía salió una mujer y con su nulo inglés os pusimos ha hacerles gestos para que entendiera que nuestra tarjeta se había quedado dentro, por lo que tras mirar me imagino nuestra cara de desesperados, hablo con sus compañeros se hizo con la tarjeta y tras comparar mi nombre con el de mi pasaporte nos la devolvió.

Nosotros atónitos con lo que había pasado y repitiendo una y mil veces gracias en chino, nos despedimos de la amable señora, sacamos dinero en otro banco (no quisimos repetir la historia en el mismo) y finalmente compramos lo dicho para el día de mañana.

Tras la aventura del momento, no sé si por no querer sufrir nuevos imprevistos o que aún nuestros estómago seguía haciendo la digestión de la hamburguesa, decidimos volver al hotel a dormir porque al día siguiente tocaba madrugón.

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