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Pekin express 2016 4/5 15 agosto, 2016

Posted by jmorsa in Viajes.
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Día 5: Intento de muralla china

Como habéis leído bien, fue un intento fallido de muralla china. Pero no adelantemos acontecimientos.

Leyendo foros y blogs de gente que se ha organizado Pekín por su cuenta, decidimos ir por la nuestra a tan preciada atracción (si ellos pueden ¿por qué nosotros no?). Sin embargo, ¡alerta! porque para ir a la muralla china son tres las rutas que puedes llegar a hacer según te gusten más o menos las aglomeraciones y las dificultades en su acceso.

En concreto y si vienes de nuevas, recogido de foros y blogs que hablan del tema, son tres las zonas accesibles a la muralla, aunque eso de accesibles es un decir. A contrario que mucha gente cree la muralla no está en la propia capital, sino a 100 kilómentros de distancia y más concretamente en regiones con el nombre de Balaling, Mutianyu y Huanghua Cheng. Por lo que veamos como es ese acceso y cual fue nuestra opción:

Balaling: ubicada a menos de 80 kilómetros de Pekín, fue la primera en abrir sus puertas al turismo en 1957. Para subir y bajar lo tienes fácil hay un teleférico, para llegar, es un poco más dificil.

Además de ir por la autopista -camino, imagino que más corto para todos y cada uno de los accesos- a Balaling se puede tomar el Beijing Intercity Railway, en concreto la línea 2, que une la Estación Norte de Ferrocarriles de Pekín con la estación de Yanqing o en metro desde Beijing Jishuitan (linea 2) caminando hacia el norte hasta la parada de autobús Deshengmen y tomando el autobús numero 919 hasta Badaling.

La cercanía con la capital y su fácil acceso, hace que en la actualidad continúa reciba millones de visitantes, siendo la zona más saturada.

Mutianyu: ubicada a menos de 90 kilómetros de Pekín y, aunque es una de las zonas más populares, no tiene un turismo tan masificado como Badaling. Para llegar a la misma has de ir en autobus, concretamente y según los foros el número 867 sale desde la parada de Dongzhimen y llega directamente a Mutianyu entre el 15 de marzo y el 15 de noviembre.

En invierno tienes que conformarte con tomar el autobús número 936 o 916 hasta Huairou , que se encuentra a 17 km de Mutianyu y pillar un taxi hasta la Muralla (alrededor de 20 Yuan si regateas bastante). Para subir tienes un telesilla a modo estación de esquí, pero para bajar tienes un tobogán a lo Acuopolis por el que corres con una especie como trineo de caucho sobre unos raíles metálicos y nada seguros.

Y Huanghua Cheng: aunque realmente hay muchos tramos como este del que hablan foros y presumen de sacar la foto perfecta sin nadie a su alrededor como; Simatai, Jinshanling, Gubeikou, Jiankou… entre otros, es uno de los accesos y caminos más escarpados y complicados de recorrer -bueno si estas habituado a hacer trecking-, aunque sus espectaculares vistas son una recompensa más que justa.

Sin embargo y a pesar de lo bonito que puede ser (y peligroso) con tramos de 70º de inclinación, para ir como todos se debe coger el autobús 916 desde la parada de Dongzhimen en Beijing hasta Huairou Fangshan y de ahí otro bus o un taxi, dado que parece que te estén esperando (para bajar al menos tienes una tirolina jaja).

Como a nosotros nos gusta el riesgo, pero no dejamos de ser unos urbanitas a los que el trecking nos pillaba un poco lejos, decidimos que la mejor forma de disfrutar de la muralla y no tener que pegarnos para hacer una foto mítica, era optar por la opción dos, por lo que ahora viene la parte del intento.

Tras confirmar y requeteconfirmar por blogs que el bus 867 desde Dongzhimen, incluso habiendo visto vídeos que explicaban dónde coger dicho bus, dado que no esta en la propia terminal de autobuses y que aviso desde ya no podrás ver allí porque están censurados por la República, nos levantamos a las cinco por prevenir que no fuéramos los únicos en pensar en cogerlo, dado que si era el cogido por los chinos, eso significaba que podíamos quedarnos sin plaza. Por lo que cogiendo todo lo comprado el día anterior y entre sollozos y sin haber desayunado fuimos a la parada en cuestión.

Cuando llegamos Segundo empezó a encontrarse mal, con lo que junto a que la parada estaba vacía yo empecé a lo que se dice desesperarme un poco. Jugué al pictionari con los operarios que trabajaban por allí, quienes parece ser que reconocieron que queríamos ir a la muralla dándome la dirección de otro bus, el 936 que iba de Yu Jia Yuan a Dong Tai. Sin embargo y entre que no eran los dos buses de los que había escuchado hablar en los foros, no había nadie en la parada y Segundo parecía morir, decidí que debíamos volver al hotel y volver a cotejar los datos antes de tomar cualquier decisión (aunque fuese para otro día).

Incluso estos problemas ya los teníamos en la cabeza, dado que por eso quisimos hacerlo el día cinco de cara a que si ocurría algún fallo en nuestros plantes, tener tiempo para resolverlo, por lo que cogiendo a un desfallecido Segundo, nos volvimos como pudimos al hotel, donde antes de llegar al mismo Segundo dijo que no podía más y en unos arbustos en medio de ninguna parte plantó un pino (raro era que no hubiera nadie a su alrededor, pero lo logró).

¿Hubiera aguantado hasta la muralla china así? no lo sé, pero era algo que no podía arriesgarme, por mucho seguro que tuviéramos, por lo que después de su pino volvimos al hotel (con un Segundo más aliviado) y tras descansar un poco y que segundo intentara plantar la segunda parte de su pino, empezamos a pensar qué íbamos a hacer con el asunto de la muralla, si veíamos que el bus estaba escrito todo en chino y no terminaba en  Mutianyu, por lo que tras un momentaneo de “ahora me enfado y no respiro” por mi parte, segundo ya en el viaje, contesté a Segundo que esto no podía seguir así y que de la lista de cosas que teníamos para ver era momento de priorizar y decir cuales de ellas queríamos ver sí o sí. Así como una de ellas era la muralla china y no me quería arriesgar a sufrir lo mismo, decidí que la mejor forma de conseguirlo sería contratar un tour.

Por lo que contrario un poco a este tipo de cosas que como sabéis ya tuve la “suerte” de experimentarlas en Florencia y el Vaticano con Gen, y la pasta, dado que al tratarse una agencia que hablaban inglés cobraban por una excursión y comida un total de 150 euros los dos (mucho en comparación con algunos de los folletos que nos habían dado por la zona de la ciudad prohibida) cerré los ojos y le di a pagar.

Por lo que una vez hecho el desembolse de dinero y Segundo medio recuperado empezamos a hablar de que haríamos ese día, dado que aún teníamos tiempo para poder disfrutar de esos imprescindibles de los que habíamos hablado, y ahí que fuimos con el mantra en la cabeza de que “lo de la muralla no iba a joder el viaje”; nos fuimos al Palacio de Verano y sus alrededores.

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El Palacio de Verano o como ellos lo llaman, el “Jardín de la Salud y la Armonía” -esto me recuerda a la típica película que tiene un nombre en inglés y nosotros en España la traducimos como nos da la real gana-, es un extenso parque (de los de verdad, con árboles, laguito y todo) de casi 300 hectáreas, a orillas del lago Kunming y contiene una serie de residencias, teatros, pagodas, puertas, muelles y otras construcciones que la Emperatriz Cixi utilizó como su residencia temporal de verano a partir de 1901 y también fue la sede del Gobierno hasta 1908.

Cuando fuimos y por avisar a viajeros que sólo se mueven en metro por esta ciudad (a veces no queda otra), el palacio de verano no se encuentra en su estación homónima, eso es el “antiguo” palacio de verano, prácticamente destruido por las fuerzas franco-británicas en 1860, durante la Segunda Guerra del Opio, por lo que debéis dirigiros a la estación de  Beigongmen (acceso norte) o Xiyuan (acceso oeste)

Nosotros, sin saber que había un nuevo y un viejo palacio de verano fuímos al antiguo y al ver que la puerta no correspondía con la foto que teníamos en nuestra guía decidimos dar media vuelta, donde tras andar durante una tres cuartos de hora y pasar por puestos de los más curiosos como por ejemplo un tío que vendía grillos en una jaula, y agua a un precio razonable (1 yuan) entramos por la puerta oeste rodeando su muralla.

La verdad que es una pasada. Si vienes de la Ciudad Prohibida, puede que ya no te sorprenda tanto, pero lo cierto es que esta cargado de detalles. Después de sobrevivir a alguna que otra foto de chinos que como estrellas de rocks querían hacernos partícipes de sus recuerdos, nos sumergimos nuevamente en un conjunto de construcciones entre el lago Kunming y la Colina de la Longevidad. Nuevamente no seguimos más ruta prefijada que nuestro apetito en cada momento, pero con una cosa clara ver lo que llaman “el Gran Corredor” para que no nos pasara como con el “muro de los Nueve Dragones en el Palacio de la Longevidad Tranquilad”, por lo que envadurnados de factor +50 hasta arriba, no tiene perdida está en una de las zonas más altas y debes llegar a él para bajar al lago artificial.

El Gran Corredor, no es más un pasillo techado de más de 750 metros de longitud que discurre a orillas del lago y que la emperatriz ordenó construir este corredor para poder moverse por el Palacio sin preocuparse por las inclemencias meteorológicas. Lo que más llama del mismo, es el techo, puesto que está decorado con más de 14.000 pinturas con escenas sobre la literatura clásica china, cuentos populares, personajes tanto históricos como legendarios y famosos edificios y paisajes, así como flores, pájaros, peces e insectos chinos, de las cuales ninguna se repite y en donde recorrerlo entero (posee cuatro rotondas interiores medias, una por cada estación del año) equivale, pues, a recorrer figuradamente un año. Os pego el enlace a wikipedia porque vienen algunas de estas pinturas para que alucinéis (https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Corredor)

En la mitad del corredor se encuentra la subida a la “Pagoda del Buda Fragante”, construida en lo alto de la Colina de la Longevidad y donde iba a orar una vez al año la Emperatriz.

 Después de un rato meditando y observando con atención la gran cantidad de historias e historia en la que estábamos inmersos, salimos de la Puerta de la Disipación de la Nube, llegamos al llamado Barco de Mármol, una nave construida con mármol y cristal, siendo de mármol el casco en su totalidad y gran parte de sus dos pisos en la que según Segundo, la emperatriz Cixi celebraba sus fiestas y una demostración de su estabilidad y perennidad mientras que el pueblo chino veía en él, un símbolo de la corrupción, por su inutilidad, ya que no servía para navegar.

Finalmente, y pasando del barco al cual no se puede subir, hay un puente decorado con 540 leones esculpidos en diferentes posturas que une la orilla del lago Kunming con la isla de Nanhu, en el medio del lago que llaman el Puente de los Diecisiete Arcos y tiene una longitud de 150 metros y una anchura de ocho metros.

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Desde el puente, que es una réplica del puente Marco Polo situado a unos 15 kilómetros al sudoeste de Pekín, se pueden ver las barcas que estuvimos apunto de pillar pero que cuando vimos el precio nos echamos para atrás (porque aquí se aprovechan mil del turismo poniendo a todo precios desorbitantes), y tras las innumerables foto a la vista que merece la pena, y ver el templo donde el emperador rogaba a los dioses porque lloviera y del que decidimos que era hora de volver y comer en algún lado.

Como la guía nos decía que la zona estaba llena de “locales reguleros y caros”, decidimos coger el metro, ir al hotel donde nos duchamos y cogimos una hamburguesa en el KFC de al lado (dado que donde queríamos ir a comer el chino que regentaba el negocio estaba dormido y no queríamos despertarle)  para volver  (porque no lo vimos cuando estuvimos),  a la zona de la torre del tambor y la campana en metro, pese a que ya, y a esas horas no estarían abiertas por ver sus fachadas donde durante la Dinastía Han, (206 al 220 a.C.) el amanecer se avisaba con el repicar de una campana, mientras que el anochecer se anunciaba al son de un tambor.

Al llegar allí y tras hacernos algunas fotos haciendo el “monguer” nos dimos cuenta que estaban en una plaza poco transitada (dado que este tipo de torres parecen estar en todas las ciudades de China), en el que skaters y patinadores rollo Retiro (descamisados y hacia atrás) daban vueltas alrededor de las mismas y muy próximas al Lago Houhai, donde según la guía se trata de “uno de los lugares más agradables de la ciudad remanso de paz lejado del tráfico y las aglomeraciones del centro de Pekín”.

Para los eruditos en busca de información, os diré que en cuanto a la Torre del Tambor (de las dos, la de color) es un edificio de 6,7 metros dividido en dos plantas en los se pueden contemplar 25 tambores que cuatro veces al día son utilizados como espectáculo para los visitantes, mientras que la de la campana, de piedra y ladrillo y de 47,9 metros de altura. En tienen una enorme campana de bronce de 7,02 metros de altura que posee 25 centímetros de grosor y pesa 63 toneladas capaz -según dicen- de producir un impresionante sonido que se extiende hasta una distancia de más de 20 kilómetros.

Cuando terminamos de hacer las fotos de rigor y hacer alguna que otra el payaso con el disparador automático de la cámara de Segundo, decidimos ir al remanso de paz para sentarnos bajo un árbol y descansar cuando nuevamente la Loney Planet nos la volvió a jugar. Y es que si bucólica y romántica pagoda significaba mucha gente al rededor y tejados chinos en franquicias el estilo de KFC, el remanso de paz era un barrio de hutones con música en directo y karaokes chinos por callejuelas estrechas en las que los taxis cabían de chiripa.pirulas.png

¡Una M para quien hizo la guía de Pekin!

Si bien es cierto que queríamos algo de paz, y no la encontramos (cosa que lejos de molestarnos, nos hizo reir) compramos el típico helado de plátano que todos los chinos busca de otro remanso de paz (según la Loney) que era el parque Beihai,  cuando una tormenta trastocó nuestros planes.

De pronto un aire huracanado como si no hubiera mañana asolaba las calles, lo que hizo desaparecer a todos los chinos de nuestra vista y preocuparnos por si esto se podía complicar. Por lo que como se suele decir “de adonde fueres haz lo que vieres” o o que es lo mismo, “allá donde vayas haz lo que veas” nos metimos en el metro anulando el remanso de paz por el parque olímpico pensando que la tormenta se calmaría cuando llegáramos allí.

Por lo que nuevamente otra idea que fue un fracaso absoluto; porque cuando llegamos, la tormenta aunque calmada persistía y el acceso al estadio estaba cerrado, por lo que nuevamente dejamos otra cosa más en la lista de “para después”. Así que aprovechando el centro comercial que teníamos allí, decidimos que era hora de cenar bien, así que no se nos ocurrió otra que ir al único chino musulman de todo el centro comercial, donde con un par y una foto para pedir el plato en caso de que no supieran ingles, de la típica entrada en la que salen todos los platos a la entrada del restaurante, nos comimos unos buenos tallarines sin cerdo y soja con una coccola para chuparse los dedos.

Una vez llenos y antes de que el metro cerrara, intentamos nuevamente ver si la tormenta había amainado y en vista de la negativa del tiempo a cambiar nos fuímos al hotel comiéndonos las papas que habíamos comprado para la muralla china, y donde nos entredormimos viendo el “master chef china” o “super hero”, una especie de serie de perros y amos adolescentes, aunque según wikipedia, catalogada como drama, jaja.

Día 6: Ahora si que sí Mausoleo de Mao, Kilómetro cero y templo del cielo :¬)

¡Por fin puedo decir que fui a ver el Mausoleo de Mao! Y es que hoy era ese “otro día” del que acordamos que volveríamos a intentarlo.

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Dejando nuevamente las cosas a cargo de uno (esta vez de Segundo) y quedando en el mismo sitio donde habíamos quedado, pero esta vez con cierta libertad de movimiento, es decir, Segundo iba a aprovechar para visitar la ópera, me metí en “la experiencia más china” vivida hasta el momento (porque si es difícil ver occidentales en Pekín, en esto ya ni te cuento).

Como toda cola de chinos (y esta no iba a ser menos) lo que inicialmente parece tener un orden, poco a poco vas viendo sus redencillas, y es que tras pasar el exhaustivo control de la entrada, la fila que corría como el día en que Segundo visitó el mausoleo, veías a chinos hacer trampas y zigzaguear para ser los primeros. Por lo que ni corto ni perezoso me dije “yo también”.

Así que avanzando cuando podía llegué a una genial para ver tan ansiado cadáver (porque no deja de ser eso, alguien momificado a la vista de todo el mundo); un lugar rodeado de niños que si se me colaban o ponían delante me podían dejar seguir viendo y con tantos a mi alrededor que no tendría que preocuparme en esquivar los malditos paraguas chinos.

Sin embargo y además de estar en esta zona privilegiada hice caso a Segundo con su “no paran, si acaso bajan el ritmo del paso” y “mantentente siempre a la derecha de la fila de la izquierda para verlo sin chinos en medio”, por lo que con las gafas puestas por no perder detalle y en escasa media hora de filas, controles, y puestos de claveles chinos amarillos a 3 yuanes, coroné el edificio en el que se encontraba el líder.

Lo primero que ves es un fondo de restaurante chino (sólo le faltaban los dragones) en el que ves una estatua de Mao (de joven) sentado a la estatua de Lincon en Washinton (no he estado, pero estoy harto de verlo en las películas) por lo que yendo a velocidad de muñecas de famosa, me adentré en una sala fría, acristalada y custodiada por dos soldados del ejercito. Lo tétrico que me lo había pintado Segundo era cierto, aunque por dentro no podía evitar recordar el capítulo de los Simpson en el que visitan China (una pena que esté en latino). Otra de las cosas que percibí es su iluminación; y es que si bien entras en una sala de paredes negras en donde lo único que sobresale es el propio Mao, creo que podían haber usado otro tipo de luz para iluminarlo dado que 1) parece una estatua de cera y 2) incluso a veces parece un gusiluz.

Tras los 45 minutos que tardé en visitar la tumba, fui a nuestro punto de reunión y al poco tiempo apareció Segundo. No sé si me había seguido o qué, pero pensando que tendría que esperar las dos horas y media que me tocó esperar a mi, pensé que él haría tiempo en otro sitio, por lo que celebrando que había salido antes de lo previsto, hicimos fotos a la salida del mausoleo que da a la puerta de Zhengyangmen (portal hermoso) y en sus pies, a nuestros pies a nuestra tradicional foto con una alcantalilla de la ciudad, pero esta vez al equivalente de nuestro kilómetro cero.

Tras la foto de rigor como digo, volvimos a coger el metro y nos fuimos al Templo del cielo, recinto donde los emperadores de China acudían cada año para orar por el bien de las cosechas y ubicado en un parque con su nombre (esta vez parque de verdad, con sus árboles y sitios de sombra).

Junto con otros templos del estilo menos conocidos como la  Bóveda Imperial del Cielo, un edificio de más reducidas dimensiones pero que tiene ciertas semejanzas con el Salón de la Oración para la Buena Cosecha (el propio Templo del cielo), en esta pequeña construcción los emperadores rendían homenaje a sus antepasados y cuyo recinto se dice que si gritas a una pared se te envuelve tres veces en forma de eco y el Altar del Cielo, en este caso, la construcción se limita a una serie de balaustradas o terrazas sin edificio en su parte superior lo que hace que la gente se ponga en medio del recinto y ponga las manos en modo rezo, sin duda es otro de los imprescindibles que hay que ver si o si, si vas a la ciudad de Pekín.

Para nuestra sorpresa, no sé si por el nombre o quizá que pilla más a desmano (y mira que para nosotros el que más a desmano pillaba era el Palacio de Verano), resultó ser verdaderamente un oasis de descanso cuando apenas nos encontrábamos con chinos cuándo dábamos una vuelta por el parque que no quisimos desaprovechar (si eres de los que se pierden busca la línea azul, una línea trazada en el suelo que te dice por donde ir, pero lo cierto que comparado con los monumentos vistos hasta el momento este no era difícil saber por donde ir para no perderse nada).

La verdad que me gustó bastante y la retahíla de fotos que hicimos dio lugar a anécdotas de por ejemplo que segundo se tirara en el suelo para poner el trípode y los chinos que pasaran por su lado se pusieran a hacer fotos como locos, o incluso que puesto el temporizador una china con su hija pasara delante de la cámara como si nada. La verdad que fue divertido y una desconexión, porque pese a que se parece mucho a lo visto, estábamos más calmados a la hora de tomarnos las cosas.

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Cuando terminamos, y con miedo de no saber si al día siguiente (nuestro último día) tendríamos o no muralla china porque nadie se había puesto en contacto con nosotros, decidimos dar una segunda oportunidad al parque olimpico, no sin antes probar suerte en otro de los restaurantes del centro comercial del Olimpic Green.

Para nuestra sorpresa, esta vez eso de elegir al azar la carta, esta vez nos saldría un poco mal, al menos a mi, porque uno de los tallarines que nos pusieron estaban fríos y con una especie como de pico de gallo por encima, por lo que además de la sensación de tomar los tallarnes como nunca los había probado, el picante hizo que me dejara medio plato, por loque una vez llenos (más Segundo que yo) salimos al exterior y pese al cielo apocalíptico que lejos de amenazar la tormenta databa de la contaminación en el aire, fuimos en busca del dichoso estadio, al que por fin pudimos acceder.

Una mole impresionante de 330 m de largo, 220 m de ancho y 69 m de altura y de acero a modo de malla o “Nido de pájaro” como lo llamaba Segundo que correspondía al Estadio de Fútbol, junto al menos conocido Cubo de agua, en donde se hacían las pruebas de natación en los juegos olímpicos del 2008 en una plaza tan inmensa como la de Tianan men, fue una grata e interesante sorpresa en la que estuvimos hasta que anocheció contemplando la majestuosidad de la construcción y obviamente haciendo millones de fotos.

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Una vez visto de día entre niebla producida por el exceso de CO2 y de noche, por verlo también iluminado, dimos carpetazo al día y decidimos volver al hotel donde comernos aquello que compramos para la muralla china dado que al día siguiente, aunque ese sería nuestro destino, el viaje contemplaba una comida típica de la región.

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Comentarios»

1. maru - 16 agosto, 2016

Me encanta tu relato.
Me muero de envidia!!!!!!

jmorsa - 16 agosto, 2016

jajaja… gracias Maru por pasarte, pensé que estas cosas no interesaban a nadie, jaja… aún me falta la quinta parte, aunque reconozco que soy algo tostón escribiendo jaja. Por cierto, ¿¿me lo dice la que se fue en su día a Indonesia?? Gracias por dejarte caer por aquí.


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