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El correo que me hubiese gustado escribir… 24 diciembre, 2016

Posted by jmorsa in Cartas a....
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Seguro que más de uno o una está deseando que haga la entrada en el blog de “12 meses, 12 psicopedagogos”, pero me temo deciros que he decidido postergarla hasta que tenga ganas o suficientes personas para hacerlo.

La razón de esta decisión (además de las ganas como ya he dicho), es el hecho de que aunque conozco gente que ha estudiado psicopedagogía de carrera (algunos de máster), es más difícil de lo que yo creía encontrar gente que 1) no le importe participar en este tipo de idioteces y 2) tantos y diferentes perfiles que puedan dar una perspectiva amplia de lo que es la profesión en sí, para defender que existimos y qué hacemos para hacer de este mundo, un lugar mejor.

Por otro lado, si estas por la otra categoría, la de educadores, decirte que tendrás que esperar al 2 de enero, día en el que saldrá publicado el nuevo educador o educadora del mes y mis razones para que forme parte de este particular tag que espero que os esté gustando.

Sin embargo hoy y por tiempo (sí, esta vez es verdad), como no he podido escribir un post como se merece, he decidido releer alguno de esos post de borradores, terminarlo y publicarlo (aunque sea a destiempo), y antes de terminar el año (por aquello de dejar lo malo en este año y empezar el año de cero, como quien dice), que me recuerde que pasó en septiembre de este año (para que os hagáis una idea de la cola pendiente). Concretamente al que denominé como lo que leéis en el título del post “El correo que me hubiese gustado escribir…”.

Pero os pongo en antecedentes (aunque sea la versión “light” de los hechos por no resultar muy pesado), y no, no por ser 24 es un mail de navidad, jaja… ¡allá voy!:

El pasado mes de septiembre (si hace tres meses, pero como digo este mail estaba en borradores sin salir hasta hoy) me encontré con la situación de que mis tutoras de doctorado, dijeron que tal como estaba mi investigación no podía ser presentada de ninguna manera como eso; como tesis (en mi último año) y que si quería retomarla sería un año de nuevo programa de doctorado más otros tres de investigación (que era digna de un libro de divulgación, artículo científico pero no de tesis).

Como comprenderéis, tras todo el costo que me ha llevado llegar hasta aquí (mucho de ello habéis sido testigos por aquí), tanto económico como horas frente al ordenador, y la paliza que me llevé el primer año con la solicitud de la beca FPU para nada, o yendo a clase de nueve a nueve por estar inmerso en medio del plan antiguo y el nuevo, no puede evitar sentirme mal, engañado y un fracasado.

“¿Y ahora me lo decís?”; eso era lo único que me salía cuando me dijeron la gran noticia. ¿Y qué otra cosa podía hacer? como si fuera Rocky Balboa, mi entrenador había tirado la toalla sin consultarme haciéndome perder en el ring uno de los que quizá, combates de mi vida.

Vale que la educación universitaria esta fatalísima para meter cabeza, pero… ¿y? si quería perder el tiempo me hubiese metido en otra cosa, ¿no? por lo que lejos de llamarlas lo que se merecían, que ganas no me faltaban, salí de ese despacho en el que he tenido que esperar tantas horas (para que me atendieran y dentro), antes de que vieran mis lágrimas de rabia, por pensar que habían jugado conmigo y dije que tenía que pensármelo.

Y eso hice: hasta que a finales de octubre, viera que lejos de preocuparse por mí (porque ni por asomo recibí un mail por su parte preocupándose por mí), sólo habían querido poner la mano del dinero que les pagaba por sus no-servicios (dado que no creo que lo lógico en este tipo de cosas sean si llega a tres reuniones por año y al final un “ay lo siento, no puedes publicarla ahora”) y pensara en mil formas de vengarme como hablar con el decano, con el consejo estudiantil o llenarles el correo de porno, llegué a la conclusión de que no debía ser yo el que hiciera justicia (más que nada porque sé que caerían en saco roto), aunque como he dicho muchas veces por aquí, el  karma fue un invento de la gente mala acostumbrada a ganar para que la gente buena no se alzara contra ellos.

¿Y en qué quedó todo? En un mail, un poco picajoso, pero sin levantar demasiadas ampollas. 1) Porque nunca me sale ser malo y 2) porque no conseguía nada siéndolo, más que cerrarme puertas si alguna vez quisiera volver a hacer doctorado, o repensarme si quiero perder otros cuatro años de mi vida, para algo que me sobrecualifica aún más el curriculum. Pero que sólo generó con un mail corto que decía algo así como que ya sabía donde estaban y que mucha suerte con mi vida en una frase (se lo curraron, ¿eh?).

En fin… pero ¿para qué esta el blog si no es para poder escribir lo que uno quiera? pues aquí está, como ya dije; “el correo que me hubiese gustado escribir”.

¡Sed felices esta noche, navidad y todas las demás!

Hola M., hola E.

Como habéis podido observar, al no haber recibido noticias por vuestra parte, este año he desestimado la posibilidad de volver a presentar los papeles de doctorado un año más.

Después del duro palo que recibí el pasado septiembre al haberme sentido engañado y fracasado tras indicarme que no cabía la posibilidad de continuar con el doctorado tal y como me encontraba, obligándome a renunciar a mi deseo de finalizar este año, he decidido, al menos a corto plazo , no seguir adelante con el estudio iniciado, porque sinceramente no me encuentro con ganas de volver a retomar un nuevo programa de doctorado y seguir trabajando para que trascurridos otros 4 años pueda encontrarme nuevamente en la misma situación.

Mientras que podría dar multitud de razones por abandonar mis estudios ahora, he de decir que la principal motivación de este hecho, surge de que he perdido la fe en el mundo académico y universitario, así como cambiado mi el prisma con el que lo veía; ya que lejos de ser algo beneficioso para el avance de la sociedad, estoy empezándolo a ver y lamentablemente sentir, como una gran aspiradora de dinero  manejada por personas cuya principal preocupación no es avanzar en el conocimiento y lograr un cambio positivo en la sociedad, sino agrandar más si cabe su currículo y mantener sus propias posiciones académicas y las de sus familias, heredándose los puestos como si se tratara de un gremio en la edad media.

Entiendo que nunca he sido un elegido por el departamento, empezando por el hecho de que nunca he sido de la Universidad Complutense y que me cogisteis por nota media y cartas de recomendación que abalarán una experiencia en investigación que salvo que seas instruido para ello desde tu primer año de carrera, muy pocos tenemos acceso y siguiendo por no haber sido merecedor de la beca FPU, por no hablar de que sin estar en vuestro despacho quitándole el polvo al ordenador y poniendo en orden el correo electrónico como haría cualquier secretario por la cara, también ha sido un punto en contra de ser bien recibido ante vuestros ojos, pero nunca pensé que eso, enturbiara o dificultara la presentación o vuestro interés en mi investigación.
Os agradezco el tiempo que habéis dedicado a las lecturas del tema y a corregir superficialmente algunas de las partes del mismo, así como las anecdóticas citas que hemos tenido durante estos cuatro casi cinco años en los que decidíamos por qué camino debíamos seguir la investigación, pero me cuesta ver y dar la razón a las palabras de M. que helaron mi corazón aquel día con un “quizá no sería mi mejor momento para hacerlo”.
 
Es verdad, quizá no fuera el mejor momento; no tengo un trabajo estable, no me dedico al 100% a la investigación, sin embargo mi intención siempre ha sido superar todos los obstáculos y terminar a tiempo con vuestra ayuda, creando hasta tres instrumentos de validación de mi investigación, aceptando finalmente un cuarto precreado por otros autores, pero no sabía que estaba trabajando en vano porque la batalla estaba dada de antemano por perdida.
 
Por lo que sin más, una vez más gracias y espero no perder vuestro contacto, dado que aunque por el momento no vaya a seguir esta senda, no sé si algún día tendré opciones para retomar la ilusión de ser doctor.
Un cordial saludo
Juan M.