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Lucía y yo 6 noviembre, 2018

Posted by jmorsa in Dedicatorias?, Entretenimiento, Quedadas.
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No soy muy de codearme con famosos y gente a la que apodan «jet set», incluso soy de esas personas (cada vez menos todo hay que decirlo, ya que con la edad uno se vuelve más comedido o no sé si por desmitificación) que cuando ven a uno se ven en el derecho de pararlos y decirles cualquier cosa del estilo de “me encantó tu papel en…” o “anda que podrías mejorar la agencia de empleo de tu pueblo“.

De pequeño salir de extra en series como “Al salir de clase” u “Hospital central” era para todos una proeza, tener en tu grupo de amigos (como llegué a tener) como los que tuve rollo Andreu Castro, o los prepotentes de Pablo Rivero y David Carrillo que se tiraban el pisto de ser parte de los Alcántara o Club Disney lo más de lo más, incluso que más de jovencito fuera meritorio en una productora buscando todo lo que me pedían para los rodajes coincidiendo con Miguel Bosé y su por aquel entonces representante de la forma más curiosa del mundo (otra historia que hoy no pienso contar) algo que poca gente puede decir (o lucir según se mire).

OLYMPUS DIGITAL CAMERASí, también en mi grupo de amigos del 2004 estaba con Verónica Romero jaja

Pero tras años de callar a ese descarado jovencito, tener amigos actores como Almu Gutierrez (como quien tiene un amigo electricista, psicólogo o policía) y a pesar de que las redes brindan el hecho de que a veces los famosos se dignen a contestar algunas chorradas twitteras como en su día hizo Alex de la Iglesia, nunca pensé que conocería (lejos de la típica firma de libros) a una escritora y Premio Planeta y Nadal como Lucia Etxevarría por instagram y mucho menos me invitara a su propia casa.

alexdelaiglesia

Pues si pupilos (que os pasáis por aquí a veces no se si fruto de la casualidad o el cotilleo), vuestro querido narrador hace unos días conoció a Lucia y con la excusa de hacerse unas fotos con su nuevo libro “Por qué el amor nos duele tanto” ¿Es posible? ¿Soy un influencer y no lo sabía?

Pues sí (bueno, lo de influencer más bien no); pero allí estaba, en la salida del metro Anton Martín, esperando en un día mediolluvioso al coco dónde nació la inhibida Beatriz celosa de los aires de Mónica, los problemas de María, Raquel, Elsa y Susi, la dicotomia del “ahora te quiero y y ya no” de Juan y Ruth… pero también a una mujer escondida tras unas gafas gigantes y de pasta, con un plumas negro que le cubría prácticamente el resto de la cara ocultándole el pelo, un sobre de correos y dos perros.

Entre mi falta de visión y su discreción al saludar, no sé si estaba acudiendo a la cita con una famosa que quiere pasar inadvertida, un intercambio de rehenes o compraventa de alguna sustancia ilegal, pero tras un segundo amago de saludo, deducí que era a mi e intenté arreglarlo con una sonrisa y un “como quieres que te reconozca así”.

Lucía se quitó rápidamente el gorro y las gafas y dijo de tomarnos un café en una cafetería cerca (Benteveo) no sé si por la guasa de mi falta de visión o por ser una habitual.

“Pensaba que con el café me dirías aquello de «¡Tadjine!»” comentaba riéndome sobre su anécdota en el reality Ven a Cenar Conmigo, “en casa ahora, los platos en lugar de presentarlos con un «¡Tachan!» los presentamos así”.

“¡Ni me lo recuerdes! ¡Qué vergüenza! Ese programa es más falso que un gato de escayola, buscaban el enfrentamiento fácil entre el torero y yo y no lo consiguieron” y así empezó una larga conversación en el que mezclamos mi trabajo; el suyo, sus dudas de si seguir o no escribiendo porque a causa de su última autopublicación había conseguido la espalda de muchas editoriales, Steiner, gentificacion, drogas, trata de blancas (y blancos), el bullying sufrido por su hija… la cabeza de Lucia bullía a 100% por hora, pero era algo a lo que estaba habituado de mis aventuras con Marta Animatur (a la que por cierto, hace poquito, me ha escrito tras unos años missing jaja).

“Eres hiperactiva” espeté. “No, muchas veces se confunden a la gente de altas capacidades como eso, pero no lo son” contestaba… “lo que no tienes, es abuela” medio nos reíamos como si nos conociéramos desde hacia más se media hora.

Lucía era (y es porque no se ha muerto) una mujer más, que se levanta pronto todos los días para sacar adelante a los suyos; su hija, su madre… pero sin renegar de sus sueños, seguir viviendo de lo que escribe en un siglo en el que cualquiera con unos ahorros mínimos puede autopublicarse y con una capacidad para crear textos diariamente que envidio o incluso darle una vuelta al escribir por escribir y cuando acabe la carrera lanzarse a lo que llama «escritura expresiva», una especie de predicción de qué coño tienes en el coco a través de la escritura de lo cual aún no anda del todo segura (estoy seguro que ahora recibiré un comentario de Lucía corrigiendome, jaj).

“Tienes que pillarte «el pequeño libro de las grandes decisiones» de Mikael Krogerus” como si fuera un milagro. Y tras otros desvarios varios llegó mi hora, mi libro porque el fruto de este encuentro no era mas que una foto y un libro y un acompañamiento hasta el metro en donde dijimos aquello de volverse a ver (¿Realidad o convencionalismo?).

El caso es que al poco tiempo por DM y en Instagram tenía su número, al poco su wassap, y un poco más invitación al teatro, a halloween en tabacalera y otro café pero sobre todo la pregunta de: ¿es así con todo el mundo o puedo considerarme especial? ¿Hay más allá que no veo o en esa hora Lucia sintió lo que yo, como estar con una vieja amiga?

No sé, de momento sumergido en las historias del que el llama su «muy querido Martín», dando envidia a Maria Ángeles (@naymayeray) a pesar de no haber podido ver su cartel de sobreviviré; sus plantas acogidas de la calle, sus libros y ropa apilados de una manera random aquí y allá o el espíritu de Becker, jaj… eso sí, y aunque sus intentonas por quedar fueron negativas por mi parte, ese café, ese volver a verse, para mi no fue convencionalismo, por lo que espero volver a coincidir.

Un abrazo y como siempre digo; ¡ser felices!

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