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¡Soy propietario! 12 abril, 2019

Posted by jmorsa in Epifanias Varias, Noticiones.
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Salón de mi nueva casa antes de su puesta a punto

Como seres vivos que somos, el ser humano tiene como funciones vitales las de crecer, comer y reproducirse. Pero es que además, como único ser en la Tierra con un mínimo de raciocinio (cosa que a veces también dudo), también tenemos el sentimiento de sentir que progresamos en la vida.

Puedes llamarlo Maslow o como te de la gana, pero parece que la sed del hombre por tener más nunca termina: cuando acabas unos estudios quieres más, cuando curras buscas un trabajo mejor, con tu novia que mínimos que casarte y tener hijos… y algunos como es mi caso, tras una temporada de alquiler su prolongación natural es comprar una casa para con voz de Golum llamarla “mi tesoro” y poder agujerearla a tu gusto, pintarla de rosa chillón o tener esa mascota que en los pisos de alquiler y compañeros no te han dejado tener.

Pero… “¿Comprar? ¿ahora? ¿en este tiempo? ¿con un trabajo de sustitución en dónde no sabes si vas a acabar? ¿con la amenaza de una segunda explosión de la burbuja inmobiliaria? ¿y con menos de mil euros al mes?”

Y la respuesta es… “¿y por qué no?”; a pesar de que los dueños de los pisos y las inmobiliarias se frotan las manos porque parece que eso de “comprar una casa” es propósito de muchos subiendo así los precios de los inmuebles, asumamos que nunca va a llover a gusto de todos en materia laboral para ser el momento “perfecto” que buscas, y que si, la burbuja amenaza nuevamente con romper, 10 años después de que parece que no tuviéramos memoria, y con miedo de que mi casera se diera cuenta de a cómo están los alquileres en mi zona (rondan ya los 800 cuando yo aún estoy en los 560 y eso que estoy a 6 kilómetros del centro de Madrid) y le diera el punto de cobrarme lo que gano al mes, más que ganas de progresar, ha sido un “progresar a hostias” y me he metido en la locura de comprar un piso.

Así huyo de los dichosos ladridos del perro de Doña Gloria, la del cuarto, que no ha tenido suficiente con llevarse a los vecinos de enfrente a una residencia; de la del bajo, eterna vigía desde sus rejas que es peor que una madre que se queda despierta porque has salido, o los porreros que del quinto, pasaron al segundo haciendo más si cabe la nube amarilla que entraba en mi casa o las puñeteras hormigas, que por más venenos o siliconas que use, o incluso salamandras que metía furtivamente casa siguen saliendo cada primavera en busca de las cuatro migajas de comida que se me olvidan recoger.

Ahora toca nueva etapa; hacerse a un nuevo barrio, nuevas rutinas viajeras para llegar al trabajo, a más distancia de mis padres, otros vecinos, nuevos problemas, aventuras, a la tarea de cómo equilibrar la balanza entre el mueble económico, confortable y duradero y a no pensar lo que me he gastado en la entrada (que ya os adelanto que es mucho), ver como la hipoteca te da la falsa sensación de ahorro que con el alquiler no tenías, la responsabilidad de tener que deber al banco hasta lo menos los sesenta y cinco (sí, según la app del Kutxabank saldar mi deuda en abril de 2049) y como nuevamente (y como parece que todo en la vida que me ha tocado vivir), abrir un melón, tener una nueva batalla, para finalmente ganar para obtener un mísero crédito, pero francamente no celebrar porque “¿quién celebra que para conseguir una casa se haya movido más que los propios de la inmobiliaria y encima les tenga que pagar por sus no “servicios”? ¿quién celebra haber ganado una guerra si al mirar atrás no ve más que los amigos perecidos en ella?”.

Sea como fuere, tenía ganas de escribir una entrada para recordarme este hecho, que pese a lo que ha costado, lo gilipollas que soy y que fui al meterme en estos líos (si me está leyendo el Juan del futuro), y para ello tenía que dejar una entrada emblemática como la 300 (tras tantos años, pensé que ya había pasado ese número), que simbolice un nuevo ciclo del blog y de por tanto mi vida, como cuando me dio por decirle adiós o joderla con el cambio de colores y que la gente tenga que arrastrar el ratón para leer los orígenes de este muro en el que cada día (unas veces más de seguido y otras más espaciado en el tiempo) todo lo que atañe mi vida, como cuando me hice autónomo, viaje al Benelux, viví en Eslovenia o como hoy, en el que con letras mayúsculas puedo decir que SOY PROPIETARIO de un cachito de Madrid de 80 metros cuadrados que espero ver algún día como algo más que un pozo sin fondo que se quedará el ayuntamiento de turno (si no lo hace, antes el banco) por no tener descendencia.

¡Sed felices!

¡Hasta pronto mis pupilos!