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ESCAPADA A NÚREMBERG (Puente del Pilar, 2018) 27 octubre, 2018

Posted by jmorsa in Viajes.
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Hace cosa de una semana aproximadamente, coincidiendo con el puente grande de nuestra Señora del Pilar (o día de la Hispanidad como quieran verlo), mientras media España miraba atenta la televisión o en directo al ejercito desfilar, las pitaditas de rigor al presidente de izquierdas de turno y la otra media andaba en jotas, aproveché para hacer una escapadita a Nuremberg (Alemania).

Aunque parezca que todos mil últimos viajes no están pensados, esta escapadita tampoco estaba prevista (o al menos por mi a priori). Y es que si bien ya es difícil coincidir en días con Segundo para poder hacer algo así (ya sabéis, cuando él puede yo no y viceversa) cuando vimos el puente asomar las orejas fue el momento de buscar aquellas capitales que aún no habíamos tenido el lujo de descubrir (sí hijos, capitales, porque siempre me he dicho que lo más importante o al menos más visitable de una ciudad está ahí y el resto, si alcanza el dinero ya si acaso cuando haya tachado las 195 capitales del mundo que me quedan por ver, no me tiréis tomates).

Y así pasó, los precios estaban por las nubes (incluso de aquellas capitales que ya habíamos visto en algún momento), por lo que la idea de escapar del ruido de lo aviones haciendo la banderita española en el cielo se fue al traste, siendo sustituida por planes menores como un cumple en un mexicano, un chino de sujetavelas y una tarde noche filosofal con un viejo amigo al que a lo tonto llevaba un año sin ver (y que espero ver pronto, que o tengo muy abandonado, jaja), pero no contaba con la genialidad de Segundo y sus sorpresas, porque si algo he de decir, es que aunque pocas, se las curra mil.

Cuando con el café de rigor mañanero en el que hablábamos de como se presentaba el finde le contaba mis planes menores invitándole a los mismos (aunque conociendo de antemano su negativa o su “lo vemos” que termina siendo lo mismo) de repente sacó una bolsa de chuches, dio al cronómetro en su teléfono móvil y sacó 24 tarjetas diciendo: “A ver si adivinas donde vamos a ir. Por cada fallo o minuto que pase, una chuche que me como”, aluciné.

Ojiplático y pensando que sería una excusa para ir a Valdebebas, parque que no sé por qué le encanta ir empecé a flipar leyendo las primeras tarjetas. Que si «no era una capital», que si «el primer tren de este país salió de esta ciudad»… las pistas no eran tan fáciles como parecían aunque cada vez cerraban más que teníamos un vuelo, «es una república, pero el presidente no es votado por los ciudadanos» o incluso al leer «G8» o «primera economía en cuanto al PIB de Europa», supe que era en Alemania, pero ¿dónde?.

La respuesta la encontré en la penúltima pista (24 chuches después) con «después de la guerra, fue en esta ciudad en la que se juzgaron a los criminales de guerra nazis que sobrevivieron», la respuesta era ¡Nuremberg! (aunque no sé porque extraña razón la llamaba todo el rato Gutemberg), y eso que la anterior hablaba de «ser la ciudad donde nacieron los playmóbiles» pero ¿Qué podía haber en una ciudad que «ni tan siquiera es el municipio tan grande de su provincia»?

Así que ocho horas después (y eso que con una o dos horas de retraso por culpa de Ryan Air, como no) ya estábamos volando rumbo a Baviera donde llegaríamos como a la una de la madrugada a una ciudad como desolada porque no había ni un alma en la calle. Llegamos en metro tras la primera introspección a nuestro hotel ibis pegado a la muralla de la ciudad antigua y pasando algún semáforo interminable para que se pusiera en verde que era aprovechado por alemanes y sus cochazos para hacer carreras y dejarse los neumáticos a base de acelerones (vamos, muy seguro todo) donde lo único abierto (y hasta las 3) era el Mc Donald (típico también de nuestros viajes el visitar al menos un día esta franquicia) que nos salvó del hambre que traíamos del avión con dos menús Big Tasti por ocho euros. Así que cebados y tras unas primeras impresiones, nos fuimos a dormir, pensando que mañana sería otro día.

Al día siguiente tocaba la visita, y pese a tomárnoslo con calma, a penas eran las 17 de la tarde y ya habíamos visto todo lo reseñable o que cualquier guía mete en su top ten, aunque no, no fuimos como quería a Playmobil Funpark, porque estaba a una hora en tren y admitámoslo “ya no somos unos críos”.

Por lo que aviso a navegantes, cuando hablo de “escapada” es eso, una escapada en donde lo mas reseñable lo encontraras dentro de su gruesa muralla de cinco kilómetros de longitud y coronada por un castillo, por lo que no merecerá la pena quedarse más de un fin de semana.

Así que como seguraente te estés preguntando desde hace un rato que esconde la Ciudad Imperial Libre dentro del vasto territorio del Sacro Imperio Romano Germánico, una de las primeras ciudades en aceptar las tesis protestantes y el emperador nacido en Flandes, Carlos V, quien también era Rey de las Españas, fue alguien muy importante para su historia o incluso la ciudad que usaba Adolf Hitler para dar discursitos y mostrar la unidad de su pueblo mediante desfiles multitudinarios y aunque nos quedara el Parque de atracciones Playmobil en el tintero para cuando haya hijos o sobrinos a los que llevar (se nota que me ha dolido ¿verdad? jaja), en su lugar y prácticamente todo por fuera, visitamos:

1. Triangulo gótico protestante.

No, no se trata de un grupo de rock, eso es “Triangulo de Amor Bizarro” y tocaron el año pasado en mi barrio, me refiero a la red de iglesias protestantes (2) y una católica que están en pleno núcleo urbano en los que los elementos góticos destacan sobre otros románicos también presentes (puesto que éste fue su origen) que si bien en España serian tildadas de las catedrales, oficialmente y en Alemania no lo son.

Ellas son; la iglesia católica de Nuestra Señora (Frauenkirche para los germanoparlantes), levantada en la plaza central (hauptmarkt) y en 1350 por orden del Emperador Carlos IV sobre lo que había sido una sinagoga judía, fue diseñada por Peter Parler (el mismo que se ocuparía de la catedral de San Vito así como del puente de Carlos en Praga), donde lo más llamativo (o que me llamó la atención, vamos) de esta iglesia es que a las 12 de cada día, tiene un reloj con figuritas que se mueven, que supuestamente representan al emperador and co y como anécdota al espectáculo Segundo tuvo la anécdota de ser confundido con un ucraniano por llevar su vyshyvanka por una ucraniana afincada en Canadá que hasta le hizo una foto jaj, la iglesia de San Lorenzo (Lorenzkirche), utilizada en la actualidad para el culto luterano evangelista, aunque fue levantada un siglo antes de la de Nuestra Señora y la hermana gemela de San Lorenzo está al otro lado de la Hauptmarkt, la iglesia de San Sebaldo, también luterana, que fue levantada varias décadas antes, por lo que se le puede considerar el más antiguo de los templos cristianos en Núremberg y su origen en románico tardío es evidente, aunque se funde con composiciones góticas postreras.

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2. Schönner Brunnen

No sé como se traduce al castellano, pero situada en la Hauptmarkt, junto al Ayuntamiento hay una especie de estatua multicolor/ fuente (porque ¡ojo! a veces sale agua) que data del siglo  XIV y está diseñada por Heinrich Beheim. Según wikipedia tiene “19 metros de alto, es de estilo gótico y cuenta con 40 figuras que representan la visión del mundo según el Sacro Imperio Romano, entre las imágenes que encontramos están los siete profetas, los siete príncipes electores, algunos leones o los cuatro evangelistas” pero lo más interesante es encontrar y girar los anillos sueltos de la verja tres veces que la rodea; el dorado para pedir deseos en su parte izquierda y negro, derecha, para tener hijos en donde yo por si acaso giré los dos jaj (aunque os diré que es una copia, ya que el verdadero está en el Germanischen Nationalmuseum, situado en el número 1 de la Calle Kartäusergasse).

3. El puente del verdugo.

Sobre el río Pegnitz, situado en Henkersteg esta lo que llaman, el Puente del Verdugo, construido en el año 1457 para conectar la ciudad con la pequeña Isla de Trödelmarkt, recibe este nombre porque desde la Edad Media hasta el siglo XIX el verdugo de la ciudad residió en la torre que hay al lado del mismo, estando en la mitad de la ciudad (y sin beneficiar a la zona rica de la pobre) pudiendo deducir que ya entonces había conflictos de intereses entre izquierdas y derechas jaja.

4. Casa de Alberto Durero.

Aunque nosotros fuimos más a disfrutar del buen día que hacía que meternos en el museo junto con el museo del juguete es un punto clave si tienes tiempo para ver. Yo lo pongo aquí, porque pasé por el haciéndome la foto de rigor pero vamos que merece la pena por ser uno de los artistas renacentistas más importantes de la ciudad que dejó más de 90 pinturas, 130 grabados y varios dibujos y donde como curiosidad, misteriosamente no fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

La casa está abierta al público desde el año 1871 y con el ticket de entrada (según leí, ya os digo que ni entré) te entregan una audio guía en la que la mismísima Agnes Dürer, esposa de Alberto, te cuenta la historia de la estancia y las diferentes habitaciones.

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5. Escenarios varios del III Reich.

Para los apasionados de la historia, menos céntrico pero accesible en metro y a pié (nosotros fuimos a pié por aquello de callejear por la ciudad y no ver estrictamente lo turístico, es una hora a lo sumo), tenéis elementos como el Centro de Documentación ( Dokumentationszentrum Reichparteitagsgelände), situado en lo que Hitler pretendía convertir en el Palacio de Congresos, en el 110 de Bayernstrasse con forma de un gran Coliseo romano inacabado debido a los bombardeos de la II Guerra  Mundial alberga la exposición permanente “Fascinación y Terror” en la que mediante fotografías, audios y objetos se pretende mostrar y concienciar sobre las consecuencias que tuvo el partido Nazi en Alemania y el resto del mundo,  Campo de Zeppelin está situado a escasos metros del Dokumentationszentrum, donde Ferdinand Von Zeppeling probaba sus artilugios voladores y el III Reich hacía los mítines y desfiles del Partido Nazi que seguro habéis visto en 100 mil reportajes y la Sala de los Juicios de Núremberg (Sala 600) donde entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946 tuvieron lugar los famosos juicios contra los principales dirigentes del Partido Nacionalsocialista que tuvieron que responder ante un tribunal por sus crímenes contra la humanidad.

En la noche, por aquello de callejear y hacer algo de sueño antes de irnos al hotel, sorprendidos por la sombra ecuestre de el Kaiser Guillermo I sobre la fachada de un edificio nos acercamos para hacer la típica foto, viendo otra iglesia menor (St. Egidienkirche) y la actuación de “Fiasco Classico”, una especie de grupo de saxofonistas que actuaban y tocaban canciones como la de Beni Hill o se ponían gorritos de chino para hacer el mongolo. Estaban dentro de la Pellerhaus pero lo cierto es que nos mantuvieron entretenidos durante un buen rato, la verdad que se lo curraban mil.

Como veis, vi poco, pero ya digo que se puede completar con museos, subsuelos visitables o el parque de playmobil (a una hora de la ciudad) al que cerca del 90% de nuestro avión iba, pero para mi bastante para un puente en el que nos dejaríamos cada uno en torno a 100 euros entre vuelo y hotel y no más de otros cien y entre los dos (y ya es mucho decir) para comer.

En ese punto (en el de comer); teníamos un poco de ventaja, ya que por un lado, había mil puestos callejeros para comer las típicas salchichas de la ciudad (Nürnberger Rostbratwurst) o su cerveza típica (Rotbier) y por otro Segundo quería llevarme a una hamburguesería muy rica que conocía ya de sus viajes a Colonia (Burgerista) para lo cual incluso nos bajamos pases de su pagina web (se puede reservar online siempre que no sea fin de semana). En lo que respecta a desayunar fuimos a los Back Werk con sus impresionantes panes y bollos de los que soy fan desde que pisé Alemania hace ya 10 años (que se dice pronto jaj) aunque ¡ojo! que los domingos esta casi todo chapao, jaja.

Además y por hacer nuestras típicas costumbres (cosa que nos salvó el domingo, por eso ese ojo) pillamos los típicos productos que no vemos en España, como la típica fanta mezzo o una fanta sabor naranja rosa, así como unas patas con sabor a currywust (salchicha típica alemana).

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La verdad que por mi cuenta nunca hubiese querido ir, pero fue un finde/puente diferente y me sirvió para desconectar y aunque pequeñas, tener unas pseudovacaciones con Segundo. Por eso y también por revivivir un poco la categoría de viajes con ésta o las entradas del camino, quise compartir lo con vosotros, mis pupilos, qué vi y viví donde como siempre tenéis más fotos en mi instagram.

¿Y vosotros?¿Cómo habéis llegado aquí?¿Vais o venís de Gutemburg? ¿Echáis de menos algo? la herramienta de comentarios es toda vuestra. Ser felices y nos vemos en la próxima entrada.

¡Hasta pronto!

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